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1 de jun. de 2012
Bankia es una entidad absolutamente solvente, señores [léase electores]. Confíen en este Gobierno, porque estamos haciendo los deberes y sentando las bases de la recuperación, el crecimiento económico y la creación de empleo. No permitan que el catastrofismo guíe sus decisiones ...
Los políticos han sido bendecidos con una clarividencia supranatural inaprensible para sus votantes. Uno puede escuchar su retórica acariciante y acariciar acto seguido, uno mismo, el complejo de inferioridad tras enfrentar el hecho de que las cosas no son así o de aquella otra manera aparentemente obvia. Ni hablar ... No son así ni 'asao', sino todo lo contrario dentro de un orden ligado a la evolución esperable de los acontecimientos en la eurozona y a la corrección de ciertos desajustes estructurales en el medio y largo plazo ... Amén.

Bankia es la más reciente y grosera expresión -que no la última por aparecer- de la metódica tomadura de pelo que nuestra clase política aforada viene ejerciendo sin freno sobre la sociedad desde hace décadas. De Felipe González en adelante no se salva ni Dios. Unos y otros -todos- han consentido o/y fomentado el ordeño hasta la extenuación de la gran vaca lechera, cuyas ubres representan las Cajas de Ahorros; unas entidades sin accionistas ni propietario alguno, que operaron durante años generando beneficios y acomentiendo obras de carácter social objetivamente importantes.

Mientras las Cajas fueron una cosa diferente de los Bancos, el sistema funcionó sin sobresaltos. Conocían a fondo sus respectivos mercados naturales; controlaban el riesgo; estaban especializadas; ocupaban a decenas de miles de trabajadores; estimulaban el ahorro; daban a sus clientes un trato más personalizado que sus parientes bancarios y no especulaban con futuros u otros productos de naturaleza inescrutable o/y eventualmente rayana en la inmoralidad. Había Cajas a porrillo porque el modelo, a pesar de algunos diseños optimistas, era eficiente por término medio.

En un momento dado, esos clarividentes gestores nuestros, con la complicidad glotona y sin fisuras de toda la farándula política en posesión de algún escaño -al rebufo de los nacionalistas, of course-, recrean sin encomendarse a Dios ni al diablo la estructura administrativa del Estado. Fenece así el modelo regional tradicional y nacen las Autonomías -que en realidad son enteramente suyas-, con la publicitaria e inverosimil intención de descentralizar, optimizar la redistribución de la riqueza nacional sin incurrir en costes añadidos, y acercar las nuevas administraciones a la puerta de los administrados. Todo en aras de una funcionalidad que iba a ser la rehostia [no se me ocurre mejor expresión].





Y vaya si lo ha sido! El modelito territorial surgido de aquel parto institucional ha ido revelándose año tras año como la más acreditada, dolosa e insultante encerrona sufrida por los españoles desde la muerte del General Franco. Las nuevas taifas, cual réplicas a escala del poder central, han extendido sus tentáculos a diestro y siniestro, blindándose a tal punto, que el califato se lo piensa dos veces antes de mover un dedo, aún con fundamento, por si de ello pudiese inferirse el menor perjuicio para los intereses de algún reyezuelo en la periferia [capaz de aguar cualquier festín electoral].

Llegados aquí, las Cajas juegan un papel determinante en el inmenso desaguisado que rebasa nuestra teórica capacidad de sorpresa. Y ello partiendo de una situación envidiable poco tiempo atrás, cuando los depredadores eran menos y actuaban en reductos más discretos y menos lesivos para el ecosistema común.

Con el advenimiento del Estado autonómico el rumbo de las Cajas de Ahorros experimentó un viraje de ciento ochenta grados y su destino quedó sellado. El marco legal fue revisado al hilo de pactos inexplicables, y las taifas, ya con patente de corso, se lanzaron al asalto sistemático de las Cajas en sus respectivas demarcaciones hasta convertirlas en clones regionales del Banco de España, que cada gobierno mangoneaba impunemente. Así, además de complementar las transferencias estatales por la puerta falsa, financiaban fácilmente políticas populistas y clientelistas -ambas-, promoviendo redes de tranvías, carreteras que no llevan a ninguna parte, aeropuertos de fantasía [Castellón, Ciudad Real, León, y otros] y un sinfín de gilipolleces diversas al socaire de incompetencias, cachondeos y corruptelas.

Al asalto antedicho sobrevinieron el expolio, el nepotismo y, finalmente, la insolvencia gereralizada del sistema, que no es cosa de ayer, sino que viene de años [intuyo que tantos como los que las CC. Autónomas llevan emitiendo deuda pública]. Desde mis gafas, la compulsiva idea de fusionar Cajas nace justamente de esta quiebra inducida, fruto de la irresponsabilidad, el pillaje de las Administraciones periféricas y la dejación [consciente] del Gobierno central:

Sumamos activos, pérdidas y otros desastres en ciernes, aplicamos un poco de ingeniería financiera al entramado -maquillaje de balances incluido si ha lugar- y alumbramos nuevos Bancos con una imagen estupendísima basada en la nada absoluta [Bankia, por ejemplo]. Después los sacamos a Bolsa y nos sacudimos el muerto [sin consentimiento previo, tácito o expreso, de sus verdaderos propietaros: los ciudadanos]. Y cuando la Bolsa nos viene grande, buscamos un Banco sano, le regalamos el paquete y papá Estado redondeará la faena poniendo a su disposición varios miles de millones de €uros a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria [FROB], como ha sucedido recientemente con la Caja de Ahorros del Mediterráneo.
Continuará.
Bankia
Rajoy

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3 Comentarios:
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  • Publicado el sábado, 02 junio, 2012. Blogger maybe kandalaksha escribió…

    Así si, por fin un articulo clarito, conciso, palmario. Sin utilizar circunloquios ni vaguedades. Sin párrafos interminables y farragosos en los que el sentido último de la cuestión se pierde sin remisión. Sin culpar a todos para evitar culpar a los culpables, si, esos que gobernaron durante años las Cajas que han socavado Bankia.
    Excelente de verdad. Como dijo el sabio aquel,
    "Al pan pan, y al vino como locos.

     
  • Publicado el sábado, 02 junio, 2012. Anonymous Andrés Paz escribió…

    ¿No habria sido mejor permitir la quiebra de Bankia? ¿Y qué dices del veto del PP a la comparecencia del gobernador del BCE?

     
  • Publicado el lunes, 04 junio, 2012. Blogger César escribió…

    No sé qué pensar al respecto, Andrés. En abstracto, no me parece mal dejar que un Banco se vaya a pique, pues todos los días desaparecen empresas sin que las distintas Administraciones haga nada por impedirlo. Claro que ésta es sólo una reflexión de carácter general; y no existe buena regla que no contemple excepciones.

    Me supera cualquier cálculo acerca del impacto potencial que la quiebra pura y dura de Bankia tendría sobre el conjunto del ecosistema financiero español. Y también me pregunto a veces si en lugar de inyectar más de 20.000 millones para reflotar el desastre antes de privatizarlo nuevamente -que son millones con cargo a deuda-, no sería mejor buscar un comprador extranjero y traspasarle Bankia a pelo, sin otra contrapartida que el afianzamiento de los depósitos de los ahorradores ... Quizá ya sabe el Sr. Rajoy que la cuarta entidad financiera del país -me parto!- no resulta apetecible ni gratis ni con un lazo rosa ... No tengo la menor idea.

    Lo de impedir la comparecencia de Fernández Ordóñez y Rodrigo Rato en el Congreso es una cacicada descomunal. Sin embargo, puesto que perro no come perro, esta clase de escenificaciones -perdón, comparecencias- en sede parelamentaria me inspiran menos fe que una lección magistral sobre las virtudes de la castidad impartida por un proxeneta. La Fiscalía es el foro adecuado y pertinente para que ambos personajes y algunos otros se explayen a fondo. Claro está, Andrés, que eso no lo verán tus ojos ni mis gafas, pues el asunto Bankia debe tener tales ramificaciones e implicaciones, que destaparlas todas provocaría un cataclismo social sin precedentes.

    Materia hay -opino- para que los Fiscales actúen de oficio. Lo que no hay es decencia ni patriotismo sano [que nada tiene que ver con el respeto a la bandera o el Día de las FF. Armadas].

     
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