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Éxtasis electoral
8 nov. 2011
INhuman

El próximo 20 de noviembre, además de cumplirse el trigésimo sexto aniversario de la muerte del General Franco, comienza una espiral de cambios en la muy confusa y maltrecha España.

D. José Luis Rodríguez ZaPatero desaparecerá por fin de la vida pública, y lo hará como el más desastroso de cuantos dirigentes han castigado este país desde Fernando VII. Por supuesto, al Partido Socialista le aguardan tiempos aciagos y un sin fin de turbulencias internas por haber abdicado de su responsabilidad cobijando y encumbrando durante siete interminables años a toda una legión de personajes mediocres, paletos certificados, apesebrados sin galones ni conciencia y otros especímenes de dudoso perfil.

A resultas de tanto desgobierno, tanta ineptitud y tantas corruptelas, cabe prever para los socialistas una debacle electoral de proporciones faraónicas.

D. Mariano Rajoy verá cumplido su sueño de alcanzar la Presidencia del Gobierno. Es más, si los pronósticos se cumplen, el Partido Popular obtendrá mayoría absoluta en ambas Cámaras, pudiendo así hacer y deshacer sin encomendarse a Dios ni a las minorías nacionalistas, cuya provinciana voracidad ha menoscabado el desarrollo de cualesquiera políticas de Estado basadas en criterios de equidad y ordenamiento del caos territorial que nos envuelve (otra cosa es si ejerce).

La derecha recupera el poder en medio de cierta percepción generalizada, y algo milagrera, fundada en los éxitos de la era Aznar, que sorprendieron a propios y extraños. No obstante, aún asumiendo que el Sr. Rajoy y los suyos gobernarán con seriedad -al contrario que sus predecesores-, la crisis del período 1992-96 fue de mucha menor entidad que la actual. Además, aquellos logros antedichos no bastaron para compensar las debilidades estructurales de nuestro tejido económico. Incluso en pleno apogeo, el desempleo español continuaba siendo el más elevado de la UE (eso sí, muy lejos de la herencia monstruosa y lacerante dejada por ZP y sus apóstoles).

Hacer los deberes en recesión, tras siete años de desgobierno, derroche y saqueos, resultará durísimo para los gestores y costosísimo para la ciudadanía. Tanto más costoso por cuanto existen cuestiones estratégicas que -desde mis gafas- no serán abordadas (léase "que nadie desea abordar"):




las Autonomías son un cáncer. Además de insostenibles económicamente e insolidarias a todos los niveles, socavan la autoridad del Gobierno central un día sí y otro también. Como modelo de vertebración territorial, el nuestro es un Estado ridículo; un esperpento funcional sin atenuantes. Casi todos los ciudadanos de bien opinan que 17 parlamentos, 17 sistemas sanitarios, educativos y otras muchas realidades absurdas constituyen un despropósito tal, que está en riesgo nada menos que el Estado del bienestar.

¿Cambiará algo en este marco desalentador a medio plazo? En mi opinión, no veremos sino ajustes cosméticos, más animados a ordenar las cuentas autonómicas y controlar el déficit público que a revisar el modelo en profundidad. ¿Por qué? Porque el engendro territorial español autoriza el reparto masivo y discrecional de poderes, y ello fortalece o blinda al repartidor. Las taifas regionales desenvainarán sus espadas ante cualquier amenaza proveniente de Madrid. Y en Madrid continuarán faltando agallas y, lo que es más preocupante, motivación.

la independencia efectiva del poder judicial continuará siendo la tediosa y quimérica cantinela de siempre y la Justicia no logrará sacudirse el descrédito que envuelve sus actuaciones, pues la percepción mayoritaria de la sociedad describe un grado de impunidad intolerable cuando los justiciables son diputados, senadores, ministros, consejeros autonómicos y algunos otros cargos benditos.

Aplaudiré con las orejas si Mariano Rajoy se atreve a proclamar desde La Moncloa que el mero concepto de persona aforada, con privilegios especiales en materia de jurisdicción, supone un insulto a nuestra inteligencia y un atentado a la supuestamente consagrada igualdad de todos los españoles ante la Ley.

Éstas y otras debilidades crónicas de nuestra democracia, certificadas a golpe de legislatura, han hecho de mí un abstencionista recalcitrante, pues con nuestros votos preñados de esperanza hemos venido auspiciando la hipertrofia y solvencia económica de un entramado político depredador, mientras asistíamos a la degradación irreverente de los tres pilares básicos de toda sociedad moderna: Educación, Justicia y Sanidad.

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4 Comentarios:
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  • Publicado el viernes, 11 noviembre, 2011. Anonymous Anónimo escribió…

    Rubalcaba no existe? Tampoco me parece bien que sacudas a diestro y siniestro cuando ni siquiera te molestas en votar.
    Saludos.

     
  • Publicado el sábado, 12 noviembre, 2011. Blogger César escribió…

    Aunque hasta el rabo todo es toro, mucho me temo que el candicato Rubalcaba está a punto de convertirse en un agujero negro el próximo día 20. Y ya sabes lo que sucede con estos peculiares agujeritos: se cepillan todo lo que había en su entorno cuando todavía eran estrellas rutilantes.

    Aunque el PSOE está condenado -sí o sí- por méritos propios, ser químico no es lo mismo que ser Director General de una industria farmacéutica. Así, observando la puesta en escena de D. Alfredo como aspirante al laboratorio de La Moncloa, me he convencido de que el susodicho no da el perfil ni de lejos ... Por cierto, genial eso de la moratoria que promete plantear ante Bruselas (!). La idea debe haberle costado al menos dos tardes de "Economía Intensiva" con algún discípulo de Jordi Sevilla.

    Para concluir, la abstención es un derecho constitucional de los electores. No votar no limita ningún otro de mis derechos como españolito; ni siquiera el del pataleo.

    Saludos.

     
  • Publicado el sábado, 19 noviembre, 2011. Anonymous Anónimo escribió…

    Dinos algo que no sepamos... no estaría mal que además de patalear, alguien en este país enunciara al menos claramente cuáles son las soluciones. Saludos.

    Grace.

     
  • Publicado el lunes, 21 noviembre, 2011. Blogger César escribió…

    Sólo soy un ciudadano común, Grace. No me niegues el derecho a patalear sobre el teclado, pues denunciar algunas cosas que están mal -incluso objetivamente mal- es siempre un ejercicio saludable.

    Además, en último término, las soluciones sólo son tales si quienes tienen la responsabilidad de ponerlas en práctica deciden hacerlo y asumen las consecuencias.

    De todos modos, confío en parecerte más explícito en la próxima entrada (hoy mismo, espero).

    Saludos.

     
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