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Alexandr Lukashenko: ¿el ideal político?
25 abr. 2006
A. Lukashenko

Aleksandr Grigorievich Lukashenko
Александр Григорьевич Лукашенко

Transcripción literal de la reseña que publica hoy mismo la Agencia rusa de Noticias Ria Novosti:
Casi la mitad de los bielorrusos ven en su Presidente, Alexandr Lukashenko -imagen superior-, al político ideal. Según un sondeo realizado por el Instituto Independiente de Estudios Socioeconómicos y Políticos de Vilnius, encabezado por el Profesor Oleg Manaev, incluso Vladímir Putin cede en popularidad ante Lukashenko entre la población bielorrusa: Lukashenko es ídolo del 44,7% de los encuestados, mientras que el Presidente ruso lo es sólo del 27,1%.

George Bush representa el ideal del 4,6% de los encuestados; Jacques Chirac del 4,4%; Fidel Castro del 3,9%; Angela Merkel del 3,7%; Tony Blair del 3,5% y Yulya Tymoshenko del 3,2%.

Si se instituyese el puesto de Presidente de la Unión Rusia–Bielorrusia, un 44,4% de los bielorrusos respaldaría a Lukashenko; a favor de Putin votarían el 22%. Ante un referéndum sobre la promulgación del Acta Constitucional de dicha Unión [lo más probable es que en ésta no se instituya el puesto de Presidente], el 48,2% de los bielorrusos votaría a favor; el 28,3% en contra, y el 10,4% se abstendría.

A la pregunta ¿Qué unión preferiría usted: con Rusia o con la UE?, el 56,1% eligió a Rusia, y un 31,9% se decantó por el ingreso en la UE.
Algunas notas explicativas

Alexandr Lukashenko no obtuvo el poder como Stanislau Shushkievich, Leonid Kravchuk y Boris Stolíchnaya Eltsin, quienes lo ganaron en su día, haciendo carambolas oportunistas mientras dinamitaban la URSS sin preocuparse del abismo en que sumergían a millones de individuos a golpe de improvisación. Lukashenko, contrariamente a lo que muchísimos europeos creen, ganó limpiamente en unos comicios transparentes a base de tesón y carisma. Y ha revalidado mandato sin el menor contratiempo, porque no sólo cumplía sus promesas, sino que éstas, además, se han revelado posibilistas, produciendo una mejoría neta -objetivable- en las condiciones de vida ordinaria de su pueblo. Es la pura verdad; duela a quien duela. 

Y como no se trata de hacer actos de fe, veamos algunos hechos y números acerca de la misteriosa Bielorrusia; una desconocida nación de "régimen estalinista, que se sustenta únicamente en el miedo, el hambre y el culto a la personalidad", en palabras del periodista norteamericano Peter Savodnik, que no se corta lo más mínimo al adornar semejante despropósito añadiendo que "Lukashenko ya ha destruido todo el sector privado de la economía" y que "el pueblo vegeta en medio de la pobreza, pues hasta el cobro de los míseros salarios y pensiones depende de la voluntad del Presidente" [hay algo aún peor que ser ignorante y dar testimonio escrito de ello sin mayor recato: ser un plumífero vulgaris, como Mr. Savodnik; un lorito de repetición. Es decir, ignorante y -posiblemente- paniaguado. Puedo repetirlo en Inglés y Ruso si algún simpatizante del analista no capta las sutilezas de la lengua cervantina]. 



La Bielorrusia hambrienta y acojonada que dibujan héroes del procesador de textos, como el que nos ha servido de muestra, resulta ser el país con mayor crecimiento económico de la Comunidad de Estados Independientes [CEI] . No lo digo yo, desde mis gafas. Lo refleja en varios informes -varios- el Fondo Monetario Internacional [supongo que muy a su pesar].

Tras la liquidación de la URSS, en diciembre del 91, hasta la llegadada de Lukashenko a la Presidencia, las cosas evolucionaron entre guatemala y guatepeor -para resumir-. Eso sí, el poder de turno era fervientemente antirruso; de modo que todo estaba en orden para los líderes fácticos de la comunidad internacional -como en la Rusia de Boris Eltsin, camino del precipicio y con ayuda occidental para un desplome óptimo y definitivo.

La sociedad se hunde -democráticamente, of course-, las Empresas dejan de producir, porque no tienen recursos para comprar materias primas ni clientes a quien vender sus manufacturas; la corrupción hace estragos; el paro y la miseria se instalan por doquier; se dispara la emigración ... Y aparece en escena el monstruo -Alexandr Lukashenko- con un programa de gobierno basado en la regeneración moral y económica; en el fin de los experimentos fundados en recetas prestadas de encaje dudoso o imposible. Y el monstruo no sólo no asusta al electorado bielorruso, sino que le devuelve la esperanza. Así, el último dictador de Europa, sin apenas soporte financiero, arrasa limpiamente a sus rivales en los comicios de 1994. 

En 2003 -me remito a los informes oficiales del FMI-, el PIB per capita de los bielorrusos ya duplicaba al de los ucranianos; además, superaba al de los rusos -no tengo la cifra exacta a mano, sorry- y era un 15%÷20% superior al de sus parientes postsoviéticos de Kazakhstán. No está mal, ¿verdad? Pues hay más:

Más adelante -en 2005-, el FMI se vió forzado a reconocer que la economía de ese anacronismo soviético, rojo rojísimo, no había dejado de fortalecerse desde el advenimiento al poder de továrish Lukashenko. Y ello de manera tan firme y sostenida durante sus diez primeros años, que el PIB se duplicó finalmente. Resultaba increible, pero los números no mienten. Durante el pasado ejercicio se registró un nuevo incremento del 8,5%, y para el año en curso es previsible un resultado igual o superior al 8%. En suma, el Producto Interior Bruto bielorruso creció un 42% en el cuatrienio 2001-2005 y un 100% entre 1996 y 2005 [que será un 200% en 2010] ... Pero hay más: 

El modelo neosoviético de economía planificada, que Lukashenko readaptó a la realidad surgida tras la desintegración de la URSS, ha producido secuencialmente pequeños milagros al alcance cotidiano de los individuos en ese rincón estratégico de Europa Oriental, que en 1994 parecía condenado a transformarse en paria desclasado del escenario geoestratégico vigente -al estilo de Georgia y Moldavia. 

Así, en medio de magnitudes ciertamente modestas -tomando como referente el baremo español, por ejemplo-, encontramos que los años de gobierno del monstruo han producido resultados tan insignificantes como el disfrutar de la cesta de la compra más barata de la CEI para niños y ancianos; tener una pensión media de 104 dólares mensuales [la más elevada del ente supranacional]; o un salario medio de 250 dólares -80 más que el de un ucraniano-, y un superavit comercial de 700 millones de dólares en 2005.

Putin & Lukashenko - exponentes del peligro rojo para Occidente

Supongo que estas minucias no cuentan para Mr. Savodnik y otros especialistas desapasionados de la prensa internacional -como mi queridísima Innombrable-. Un servidor de Su Majestad, por contra, estima que están mejor que bien para ese pequeño-gran país de sólo diez millones de almas, energéticamente dependiente y sometido a constantes boicoteos desde Washington y Bruselas.

No cabe en nuestras cuadriculadas mentes occidentales que un dirigente político de corte más bien autoritario pueda ser honesto, eficiente y -encima- popular entre los suyos. A este lado de la fontera del mal, no te comes ni el agujero de un donut si pretendes hacer carrera llamando a las cosas por su nombre. Aquí el glamour lo envuelve todo y la munición es de fogueo por norma. Hemos alcanzado tales cotas de progreso, que incluso podemos ofender pública y gravemente al Jefe del Estado sin demasiado temor a las consecuencias; porque, aunque el delito de injurias está claramente tipificado en el Código Penal, su aplicación goza de muy mala prensa: coarta la libertad de expresión [sin comentarios].

Por supuesto, si paseas por las calles de Minsk saboreando un rico helado en una tarde de primavera, asombrado ante la pulcritud y dignidad del entorno, no puedes cruzarte con el Presidente, llamarle tirano hijo de puta y esperar que su escolta no te de algunas ... pautas para que aprendas a no hablar con la boca llena. Aunque seas un turista extranjero y luzcas orgulloso tu flamante pasaporte eurocomunitario de sombrero. 

Y lo que no está al alcance del mortal común, tampoco es lícito para aquellos representantes de organismos internacionales acreditados en el país, que se permiten ocasionalmente hacer declaraciones indecorosas contra el líder bielorruso y su equipo gestor, sobreestimando el valor neto de su rango institucional. Antes de 24 horas habrán sido gentilmente escoltados hasta el aeropuerto de la capital. Es lo que corresponde cuando los invitados afrentan al anfitrión mientras disfrutan de su hospitalidad.

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9 Comentarios:
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  • Publicado el martes, 25 abril, 2006. Anonymous Nico escribió…

    Pero que importa la opinion de los bielorusos cuando de lo que hablamos aqui es de una dictadura con un monstruo a la cabeza. Humm parece que para occidente existe otra bielorusia alternativa, lo que me pregunto es ¿que mal les habra hecho la real?

     
  • Publicado el martes, 25 abril, 2006. Anonymous Nurgle escribió…

    "Nunca dejes que la realidad te estropee una buena noticia" dijo alguien, lo que pasa es que en el fondo somos unos románticos, nos van las revoluciones, la lucha en la calle, las sentadas, el "no pasaran" las canciones de LLuis LLac , etc. etc.

     
  • Publicado el miércoles, 26 abril, 2006. Blogger LUIS AMÉZAGA escribió…

    ¿Algún día la unión con Rusia será compatible con el ingreso en la UE? ¿Verán mis ojos algún día la Unión Europea?

     
  • Publicado el miércoles, 26 abril, 2006. Blogger César escribió…

    Nico, te diré qué mal ha hecho a Occidente la Bielorrusia real: ser fiel a sus raíces y entenderse mejor con su hermana que con su prima segunda ... Es decir, no contribuir como Polonia, por ejemplo, o Georgia -o la misma Ucrania de Víktor Yuschenko, que no es la Ucrania real y puede ser otra más adelante- a zancadillear los proyectos del Kremlin. Tal es el gran pecado de los bielorrusos: no adorar al becerro de oro; no dejarse impresionar.

    Románticos de pasarela, diría yo, Nurgle. Aquí las emociones duran lo mismo que el concierto. El ideal más extendido a mi alrededor es una hipoteca más barata que la del vecino ... Puestos a elegir, mi abuelo Ismael era mucho más romántico cuando decía la buena vida consistía en salud, pesetas y mujeres con buenas tetas.

    Ni tus ojos ni los míos, D. Luis. Pero el sostenimiento de la quimera constituye un fabuloso negocio para la fauna política europea.

     
  • Publicado el miércoles, 26 abril, 2006. Anonymous Anónimo escribió…

    ¿Y qué hay de cierto y de avanzado en ese supuesto de una unión de Bielorrusia a Rusia? Desde hace más de siete años desde que conocí la primera noticia mas o menos fiable de ello intento seguir el tema pero encuentro poco al respecto, por lo menos en español, y de ruso... "ni papa" como decimos aquí. Sería interesante tratar este tema, o por lo menos que pudieras darnos alguna información al respecto de en que situación se encuentra ese supuesto y bajo que condiciones se efectuaría.

    Un saludo.

     
  • Publicado el miércoles, 26 abril, 2006. Anonymous Nurgle escribió…

    No viene al caso pero como se que eres un aficionado de los vuelos extremos te dejo este enlace, a mi la pena que me da es que entre hipoteca y demás no creo que me llegué el suelto para pagar la excursión.
    http://www.espacial.org/astronautica/tecnologia/ars1.htm

     
  • Publicado el jueves, 27 abril, 2006. Blogger Oscar Sin Nick escribió…

    A ver César, no voy a cuestionar las cifras que ofreces porque si tu blog se distingue por algo es por la pulcritud con la que elaboras tus opiniones.

    Pero creo que te pasas un poco con lo del bienestar de los bielorrusos. Minsk, es cierto, es una especie de vergel, un ejemplo urbanístico, de limpieza... pero el resto del país da pena.
    Dan pena las calles, los servicios públicos, la ausencia de derechos en cosas tan simples como comprar un billete de tren, las tiendas...

    No sé, es posible que Bielorrusia haya crecido todo lo que dicen esas cifras, pero no se nota en la calle. La gente no tiene nada que hacer (aparte de trabajar y beber en la calle), y los que trabajan, por 50 €uros al mes, no suelen cobrar puntualmente (hablo de funcionarios, mi cuñada es profesora en un instituto).

    ¿Por qué no hay libertad para salir del país? ¿Sabías que para que te concedan el visado para venir a España (sin embajada) o Portugal (con embajada) lo mejor es irse a Moscú? Allí no te ROBAN ni te tratan como a basura. En las embajadas que están en Bielorrusia sí.

    Y sobre lo de la limpieza de la elecciones... ni para ti ni para mí.
    El apoyo a Lukashenko es amplio, y lo vivo muy de cerca... pero también me han contado como han ido a con urnas y papepeletas a empresas privadas (alguna debe quedar). ¿Quieres que siga?.

    No digo que la UE sea lo ideal, pero tenemos algún derecho más, no debemos perder eso de vista.

     
  • Publicado el viernes, 28 abril, 2006. Blogger César escribió…

    Gracias por el recordatorio, Nurgle. Visito esa web con frecuencia -de hecho, figura en mi lista de enlaces recomendados-, pero me había pasado inadvertido el aparatito [daría lo que no tengo por vivir la experiencia. Ya lo creo!].

    En cuanto a la tan traída y llevada unión de Bielorrusia y Rusia, que plantea el visitante anónimo, sólo cabe decir que es un asunto de plazos. Lukashenko dispone, tal vez, de dos años más para negociar unas condiciones razonables, que no supondrán -no lo creo- el nacimiento de un Estado Confederal con más soberanía para las Repúblicas, como el líder bielorruso planteaba insistentemente, al tiempo que pretendía garantizarse la Vicepresidencia.

    A pesar de lo artificial que supone hablar de rusos y bielorrusos, y del innegable valor estratégico de la pequeña República, las aspiraciones paritarias de Lukashenko eran desorbitadas, y, de hecho -él lo cuenta al revés-, ralentizaron un proceso que debería haber concluído en marzo de 2004. Con una economía que representa el 3% de la rusa, resultaba ilógico picar tan alto [derecho de veto llegó a exigir el camarada Lukashenko].

    Supongo -pero sólo es una tesis particular- que Bielorrusia terminará incorporándose a Rusia como una más de las entidades federadas -nada de Confederación-, con algunos fueros especiales -absolutamente merecidos-, que posiblemente afectarán también a la figura del Presidente. Eso y poco más.

     
  • Publicado el viernes, 28 abril, 2006. Blogger César escribió…

    No ignoro los detalles que mencionas en tu comentario, Oscar [sabía que no te resistirías :)]. Pero esas deficiencias que señalas no son un problema exclusivo de Bielorrusia, sino que se dan por doquier en todo el espacio de la CEI. Transiciones hechas deprisa y corriendo facilitan esta clase de contrastes.

    Lo de los retrasos en el pago de salarios también es un padecimiento crónico del entorno. Conozco casos escandalosos en Moldavia y Ucrania, con nombres y apellidos, a pesar de que el problema ha sido formalmente -oficialmente- superado [lo que tú y yo sabemos que es incierto ... o mentira, coño! -llamemos a las cosas por su nombre].

    En este asunto de los impagos salariales influyen diversos factores, que van desde la ineficiencia corrupta de las estructuras administrativas, hasta la muy escasa presión fiscal -contemplada desde este lado-, que influye necesariamente en la falta de liquidez de las distintas Administraciones. De ahí los pequeños sobornos cotidianos para lograr cierta agilidad cuando se solicita un pasaporte, una beca de estudios o cualquier otra cosa que se te ocurra.

    La situación es conocida; aunque no hay modo de solventarla en tanto no hayan sido sorteadas otras muchas barreras estructurales, y en tanto no exista un tejido productivo plenamente consolidado.

    No obstante, dicho esto, el progreso general experimentado a lo largo de los últimos diez años es una realidad contrastada [mis datos, los expuestos en este post, pertenecen al FMI, como sabes; de manera que no resta mucho margen para la exageración]. En Armenia ha sucedido exactamente lo mismo -con ciertas variantes específicas-. Y en ambos casos, en uno y otro país, la vivencia individual de tanto logro macroeconómico se produce con desesperante retraso.

    Existe abundante literatura sobre la paradoja armenia, que alude exactamente a esta cuestión. Que haya menos fuentes interesadas en Bielorrusia obedece a razones poco confesables, relacionadas con el aislamiento de toda índole que padece esta pequeña República por causa de su marcada rusofilia y sistemática ignorancia de pretensiones occidentales tan inconfesables o más.

    Sea como fuere, y sin pretender en ningún momento que la vida de los bielorrusos es la pera molinera en 2005, si comparas el hoy con el ayer de 1994, cuando el camarada Lukashenko ganó la Presidencia, tú mismo convendrás conmigo en que se ha hecho un gran recorrido en la buena dirección -errores incluidos, por descontado.

    El resto es cuestión de poco a poco. No habrá recetas mágicas. Los bielorrusos, mayoritariamente, opinan que su Presidente hace los deberes del día con dedicación y honestidad. Y le votan sin recato. ¿Anécdotas con algunas papeletas? Es posible -va con la genética del entorno soviético-. ¿Trampa? Apuesto sin rubor alguno a que no [no lo necesita].

     
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