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Yuschenko y cía.: crónica de un desastre anunciado [I]
Locomotora sin gas en acción
6 dic. 2005
Imagen alegórica: el gas natural es un elemento clave
en el desarrollo de esta nueva antología del disparate
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Podría equivocarme, claro. En eso que llaman comúnmente alta política, la última palabra está siempre por escribirse. Sin embargo, si hoy me viese forzado a cruzar apuestas, yo diría que el Presidente ucraniano y su colega Georgiano, Mikhaíl Saakhasvili, se han metido solitos en un cenagal tan peligroso e inestable, que probablemente se los tragará a ambos a medio plazo –y quizá no tan medio.

De Saakhasvili nada me sorprende. Alcanzó el poder mordiendo la mano que le alimentaba previamente y apoyándose en los mismos que habían dejado caer a su predecesor; como le abandonarán a él a su puta suerte cuando resulte incuestionable –es decir, más incuestionable aún- que esta criatura en funciones de líder nacional no sólo es una auténtica desgracia para los georgianos, sino que, a su lado,
Shevarnadze era Winston Churchill.

Misha –diminutivo cariñoso de Mikhaíl- se instaló en el trono lanzando soflamas como un poseso, presa de esa vehemencia congénita que le caracteriza y eclipsa, de paso, cualesquiera otras de sus virtudes, teologales o cardinales; que alguna debe tener, aunque un servidor de Su Majestad haya sido incapaz de apreciarla hasta la fecha [por si no se me entiende o no estás muy familiarizado-a con los asuntos postsoviéticos, aclaro que los mentores del personaje, esos a los que debe el trono y un montón de réditos, son los norteamericanos. Los mismos que le volverán la espalda tras constatar, una vez más, que nunca han estado mentalmente bien entrenados para hacer business en el Cáucaso sin ponerlo todo patas arriba].
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Saakhasvili & Yuschenko [izquierda y derecha, respectivamente]
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En cambio, más allá de opciones y emociones personales, siempre he sentido bastante respeto por la figura de Víktor Yuschenko; un respeto absolutamente compatible con la discrepancia, dado que mi voto -el que moralmente deposité en las dos rondas electorales de diciembre 2004 y enero 2005- era para su rival, Víktor Yanukovich, quien se hallaba en mejores condiciones de encarrilar el devenir nacional por la vía más posibilista, política y económicamente, y también la más coherente desde una perspectiva histórica y sociocultural –desde mis gafas, of course!

Yuschenko es un moderado. Ganó notoriedad como gestor en sus años al frente del Banco Nacional, antes de convertirse en Primer Ministro de la nación, a las órdenes del tortuoso e inteligente
Leonid Kuchma, entonces Presidente, a quien ahora sustituye en el cargo.

Tenía y tiene carisma; pero sus ambiciones demandaban la creación de un espacio político diferencial desde el que oponerse al régimen. Así, pues, como antes otros colegas en el espacio de la
CEI, optó por el occidentalismo, el distanciamiento progresivo de la herencia compartida con Rusia –salpicado de no pocos tics radicales en la práctica- y la autoexclusión de un futuro en fase de diseño avanzado, que cobijaría a rusos, ucranianos y bielorrusos en primera instancia.

Sus coqueteos con Washington y el modo en que elegía a sus amigos dentro de Ucrania, como ocurrió con
Yulia Tymoshenko –la representación antropomórfica más realista y hermosa del peligro-, provocaron su cese por parte de Kuchma y señalaron el inicio de su carrera presidencial. Y ahora que es Presidente, of course, debe pagar a quienes financiaron generosamente su odisea desde 2001.

El precio, básica y obviamente, consiste en facilitar a los poderes económicos y fácticos occidentales una penetración gradual en el territorio ex soviético, ayudándoles a conquistar nuevos mercados y a debilitar, sobre la marcha, el proceso bastante bien ejecutado de regeneración y rearme –económico, moral y militar, claro- que vive y exhibe
la Rusia de Putin.

¿Y cómo se consigue todo eso? Pues, para resumir, boicoteando desde el poder los proyectos económicos de la Federación Rusa en territorio ucraniano; exportando la revolución cítricanaranja, perdón- a otros países de la CEI; amordazando al 50% de la población ucraniana, abiertamente opuesta al rumbo político de Yuschenko, y, de postre, promoviendo la construcción de una especie de nuevo telón de acero light –de terciopelo, que diría Saakhasvili-, desde el Mar Báltico hasta el Caspio, con la finalidad de bloquear al Kremlin y acentuar su separación de Europa. Un corredor democrático, como pomposamente predican los más fantasmas de entre sus delineantes.

Para ello, no faltan a Yuschenko peones, títeres, marionetas, payasos y demás fauna política dirigente de la región implicada. Si bien el diseño muestra alguna carencia estratégica –léase
Bielorrusia, cuya plaza ocupa Polonia- y, en general, es una chapuza ideológica y funcional más propia de partisanos enaltecidos que de verdaderos líderes nacionales. Son, los más de ellos, trepas sin escalera; politiquillos ambiciosos, de mentes ramplonas, que ansían convertirse en cola del león atlantista, antes que permanecer como cabezas de ratón en sus respectivos dominios naturales, y que, con toda probabilidad, se coronarán como nuevos parias de la escena internacional antes de que algunos de ellos resulten descabezados, o peor aún [porque la aventura podría salirles muy cara, también a título personal, ya que, por descontado, será enormemente onerosa para las economías de estas naciones infelices, capitaneadas por elementos mediocres, sin memoria histórica y sin escrúpulos].

De las cosas que fallan estruendosamente en el diseño de esta iniciativa perversa, con tintes de opereta, nos ocuparemos en el próximo capítulo. En todo caso, la locomotora revolucionaria que debería recorrer triunfante la distancia entre Taillín, en el Báltico, y Bakú, en el Caspio, pasando por Kíev y Tbilisi, carece de combustible en un doble sentido: sus iluminados maquinistas han sustituido el gas de la ideología por el del servilismo a intereses foráneos; y, si ello nos pareciese poco, el gas vital que sus respectivas y precarias economías nacionales precisan para no colapsarse –ahora sí hablamos gas natural- es de propiedad rusa.

Empezamos mal, ¿no?
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Imagen de cabecera: © Коммерсантъ
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6 Comentarios:
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  • Publicado el miércoles, 07 diciembre, 2005. Anonymous Nurgle escribió…

    Como ya comente una vez, mejor callar que estropear lo que tan estupendamente escribes

     
  • Publicado el jueves, 08 diciembre, 2005. Blogger César escribió…

    No seas tan modesto, Nurgle ... jeje.
    Felices Navidades!

     
  • Publicado el jueves, 08 diciembre, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Esto que pasa allí no es más que un reflejo de lo que el ser humano es capaz de consentir, teniendo el poder económico y político en nuestras manos , por supuesto a través del voto, o bien de forma participativa.
    Claro que cuanto más grande es el país más canta y ahora puestos los ojos de las inversiones en paises supuestamente en vias de desarrollo, el cante se hace opera prima.
    Gracias por poner tu grano de arena.

     
  • Publicado el jueves, 08 diciembre, 2005. Blogger César escribió…

    Dices bien, Anónimo/a: grano de arena. El Este postsoviético nos pilla muy lejos; más aún desde el final de la Guerra Fría. Quizá porque se estrellan pocos aviones rusos ...

     
  • Publicado el sábado, 10 diciembre, 2005. Anonymous Nurgle escribió…

    Parece ser que Ucrania en represalia por la anunciada subida del gas tiene intención aumentarle el alquiler a Rusia por la base naval de Sebastopol, el ministro de defensa ruso les ha recordado que nada mas que el 60% de los ingresos que se generan en la cuidad proceden de la base, lo que podría ponerla en muy mal lugar en el caso que fuese evacuada. Eso sin contar que dicha ciudad es la mas poblada de Crimea, península mayoritariamente rusa y perteneciente a Ucrania por una cazicada del entonces Secretario general del PCUS de origen Ucraniano Nikita Jrushchiov, y esto podria exacerbar los latenentes sentimientos pro-anexión a Rusia latentes en la población.

     
  • Publicado el domingo, 11 diciembre, 2005. Blogger César escribió…

    La verdad, Nurgle, es que desconozco los términos del contrarto de arrendamiento de la base naval. En todo caso, los chicos de Yuschenko tendrán que moverse dentro del los márgenes que fija el citado documento.

    Lo que sigo sin comprender, transcurridos los años, es qué nebulosa etílica acompañaría el pensamiento de Eltsin cuando pactó la cesión de Crimea con Kravchuk, entonces Presidente de Ucrania. Me lo explican cien veces, en Castellano o en Ruso, y no logro entender el por qué.

     
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