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Chauvinismo: ¿invento francés o periodismo catalán?
Tiraspol NO nos mira [3ª parte y final de trayecto]
9 ago. 2005
MiG-29¹
Si visitas esta web por vez primera, o bien si llevas algún tiempo sin asomarte y pretendes leer ahora este post, te sugiero una excursión introductoria por los dos capítulos anteriores. Si lo deseas, puedes acceder directamente a ambos desde aquí: I y II.
Éranse una vez dos habitantes de un territorio bendito por la naturaleza y maldito por guerras y guerreros, que finalmente fue lugar de paz y casa común de ambos durante dos, tres y cinco décadas.
Éranse una vez unos y otros, hasta que la confusión, hija y progenitora de una historia de confusión, degeneró en gesto airado y fratricida, tiñendo el cielo límpido que a todos alumbraba por igual cada mañana con los colores del resentimiento redivivo …
Así, tras desconocerse, necesitarse, ignorarse y acosarse mútuamente por otra larga década, como aquellos que jamás han compartido el pan, una tímida luz de esperanza pareció atisbarse de pronto sobre el escenario formal de una negociación que ni la fe de los mismos negociadores había merecido hasta entonces. Ambas partes conservaban apenas un hilo de la antigua fraternidad ...
Érase una vez, en 2003, que un tal Dmitry Kozac –izquierda-, funcionario algo más que cualificado del Gabinete ruso de Administración Presidencial, diseñó un marco funcional, potencialmente viable, para revertir el ya crónico tono, agraviante y agraviado, que simbolizaba el día a día de los otrora hermanos, drásticamente separados por las aguas del mismo Nistru común [Dniester para los occidentales].
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Kozac se había inspirado –todo hay que decirlo- en esbozos anteriores, de paternidad diversa, nunca sistematizados ni trasladados al papel con la valentía y claridad de ideas precisas. El bautizado en su honor como Plan Kozac, que haría babear a las más egregias notas folclóricas de la política española –léase Carod Rovira, Ibarrexte y otros especímenes igualmente desubicados en el espacio y el tiempo-, consistía en la recreación de Moldavia, cual postsoviético Liliput, investido con los atributos de un Estado Federal asimétrico. Una arriesgada apuesta político-jurídico-administrativa no exenta de avales, que, por un momento, pareció satisfacer a los [tres] actores estelares de este thriller cansino –agónico diría yo-, que casi todos dábamos ya por irresoluble: la Moldavia oficial, la Pridnestrovia [Приднестровья] –que así es como los transnistrianos denominan a su extraoficial República- y la Federación Rusa, pulmón fáctico de Tiráspol y banquero progresivamente cabreado de la morosa y díscola Kishinev [¿lo va captando, D. Francesc?].
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GagauziaEl proyecto en cuestión proponía la federalización de Moldavia, Transnistria y Gagauzia [pequeña región sureña del país, que goza de un Estatuto autónomo muy especial desde 1994]. La nueva relación entre las partes, ciertamente desiguales en tamaño y población, se basaría en el uso del Moldavo como lengua oficial de la República, reservándose los entes federados capacidad de conceder idéntico estatus a cualquier otro idioma dentro del marco de su jurisdicción territorial –léase Ruso y Gagauzo.

La nueva Constitución consagraría un sistema parlamentario articulado en Cámara Baja, elegida por el clásico sistema de representación proporcional, y un Senado de verdad –o sea, en nada parecido al español-, peculiar donde los haya, conformado por representación asimétrica: 13 escaños para el territorio federal, 9 para el Transdniester y 4 para Gagauzia [interesante propuesta, ¿verdad, D. Francesc?]

El periodista de La Vanguardía proponía como elemento dinámico [literal] una misión de líderes políticos catalanes a Tiraspol –a cargo del contribuyente, of course-, donde seguramente no tienen tarea más noble que aleccionar a unos héroes de opereta en busca de inspiración para dar aliento a su épica cruzada contra el españolismo colonizador ... De risa, vamos!
El plan Kozac fijaba un período transitorio, hasta 2015, durante el cual harían falta mayorías de 3/4 en el Senado para la aprobación de Leyes Orgánicas [nótese que el 34% de los senadores serían transnistrianos]. Y otro tanto sucedía con el Tribunal Constitucional, compuesto por 11 Magistrados -4 de Tiráspol-, obligado a buscar el consenso mínimo de 9 votos para dar carácter vinculante a sus decisiones. Además, cualquier enmienda constitucional precisaría el respaldo de 4/5 del Senado.

Como se infiere claramente a través de este resumen –más que suficiente para ilustrar a Sus Señorías, D. Francesc-, el gran escollo aparente venía dado por la extraordinaria capacidad de bloqueo que la propuesta rusa reservaba para la región oriental del Dniester.

Usualmente se conceden importantes o extraordinarios mecanismos de blindaje a las facciones minoritarias cuando la negociación parte del hecho secesionista, o bien cuando existen amenazas de secesión que las partes pretenden conjurar a través del diálogo. Delicada tarea la de establecer un equilibrio funcional –pragmático, viable- entre el principio de representación mayoritaria y el del consenso o el derecho a ejercitar el veto.

La singularísima iniciativa -que resumimos para los representantes del separatismo catalán, sin desvitalizarla seriamente- enfatizaba las atribuciones de Tiraspol puenteando la apriorística lógica de la proporcionalidad inherente al tamaño de las partes. Se trataba, en fin, de otorgar competencias simétricas a los actores bajo la apariencia de una superestructura estatal asimétricamente vertebrada. En la práctica, pues, la Pridnestrovia quedaba en condiciones de oponerse a todo, incluyendo las veleidades eurocomunitarias y, eventualmente, euroatlantistas de ciertas facciones locales, que tanta decepción han causado entre la ciudadanía.

Pero Tiraspol exigía garantías militares adicionales, que iban más allá de la propuesta sometida a debate: tropas rusas –no de la OSCE o de cualquier país neutral- acantonadas en el territorio durante treinta años; el doble de lo previsto en el memorandum Kozac. Dicho en román paladino, D. Francesc: la UE y la OTAN tropezarían en lo sucesivo con una frontera inamovible, trazada sobre la vertiente oriental de Rumanía y la cara noroccidental de Ucrania [de paso, resultaban rejoneados ciertos postulados de un sector político entonces opositor y hoy gobernante en Kíev].

Para cualquiera que no haya tenido contacto directo con el marco de tales acontecimientos y no haya respirado mínimamente la idiosincrasia local, el Plan Kozac simbolizaba un cúmulo formal de despropósitos.
Volviendo al roman paladino: si los radicales del circo político catalán –pues circo parece últimamente lo que tienen ustedes ahí, D. Francesc- promoviesen una iniciativa remotamente similar a la hora de reformar su Estatuto Autónomo, quizá el mismísimo José L. Rodríguez Zapatero –el más inconsistente de los líderes europeos- rompiese la baraja de una vez por todas.
Sin embargo, Tiraspol no es Barcelona, y, por increible que pueda parecernos desde la distancia física y mental, Putin y Voronin acordaron reunirse en Kishinev con el mandatario transnistriano, Igor Smirnov, el 25/11/2003 para rubricar definitivamente el acuerdo que daría paso a la recreación de la Moldavia unida. Un acuerdo idéntico, o casi, al que acabamos de repasar.
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Un día antes, sólo un día antes, Voronin se retractó, argumentando la necesidad de mayor consenso previo entre los diferentes grupos y estamentos de la sociedad moldava. Putin, por supuesto, canceló inmediatamente el proyectado viaje y, de paso, cualquier opción futura de tener en común con su colega moldavo algo más que el nombre de pila:
Vladímir. Desde entonces, a Voronin le sucede con el Presidente ruso lo mismo que a nuestro ZP con George Bush [malo para los moldavos -dramático, diría yo- y nada bueno para los españoles, respectivamente].

Pero de todo eso, y del rumbo degenerado de las relaciones ruso-moldavas desde entonces, hablaremos en otra ocasión. Hoy se trataba de identificar alguna referencia de que Tiraspol nos mira –a los paisanos de
D. Francesc
específicamente-. La verdad, por más que repaso los antecedentes, no acierto a comprender qué puede interesar a los transnistrianos del modelo estatalista [aún] vigente en España; atribulado él -gracias a los amigos del D. Francesc, entre otros- y escaso a todas luces como mecanismo de respuesta a sus aspiraciones.

¹ Los MiG-29 de las Fuerzas Aéreas moldavas, herencia del período soviético, fueron vendidos a precio de saldo por razones oficialmente económicas -costes operacionales, se adujo-, en una operación dudosísima que implica directamente al ex Presidente de la República Petru Lucinschi, al ex Primer Ministro Ion Ciubuc y a dos ex Ministros de Defensa, Pavel Creanga y Valeriu Pasat. Un escándalo colosal, que nadie parece interesado en desvelar. Por lo demás, las dos fotografías de cabecera no guardan relación alguna con el post. Un simple pretexto para compartir tan estupendas imágenes.

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