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Chauvinismo: ¿invento francés o periodismo catalán?
2ª parte: Tiraspol no nos mira [no, D. Francesc]
7 ago. 2005
Suvorov
Aleksandr Vasilievich Suvorov [1729-1800], fundador de Tiraspol

Si visitas esta web por vez primera, o bien si llevas algún tiempo sin asomarte y pretendes leer ahora este post, te sugiero una excursión previa por el capítulo anterior[haz click AQUÍ para acceder directamente].
En los diez años posteriores al final del conflicto armado la secesión del Transdniester fue consolidándose. A su vez, los dirigentes de Tiraspol y Kishinev mantenían un diálogo de sordos –comedia, se me antoja hoy- a la búsqueda de alguna fórmula mágica que contentase a todos bajo el paraguas de un reeditado Estado Común.

Voronin lo tuvo mucho más fácil que sus predecesores: llegó en 2001 al poder como rusófilo reputado, con un programa de Gobierno que pasaba por recuperar la oficialidad para la lengua rusa
[1], y dando a entender sin demasiados pudores que comprendía los motivos esgrimidos por los transnistrianos para segregarse diez años atrás
[2].

Moldova
Pero el nuevo mandatario moldavo parecía pretender lo imposible al subestimar la aspiración de Tiraspol de ostentar el mismo rango que Kishinev en una hipotética República reunificada. Suena a despropósito, vistas las parcelas que cada cual ocupa en el mapa. Sin embargo, será así o no será [si la Historia significa algo, apuesto por mi intuición].

El territorio del Transdniester se emancipó cuando los líderes moldavos, aprovechando la etapa agónica de la URSS -con un Gorbachev absolutamente rebasado por los acontecimientos-, comenzaron a hablar de reunificación con Rumanía y se afanaban en borrar todo rastro del pasado soviético, comenzando por degradar la condición históricamente oficial del Ruso y adoptando una enseña nacional -en la imagen siguiente- que no era sino la rumana con el añadido del Escudo de armas moldavo.

Lo que sucedió en la práctica es que al declararse independientes de Kishinev –no de Moscú, atención!-, los transnistrianos se esfumaban con una cuarta parte del PIB nacional, con las más importantes infraestructuras industriales y con el 85%, en números redondos, de la generación de energía. Entre tanto, en la capital, la nueva hornada política vivía un cuento de hadas.
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Tales eran las bazas de Tiraspol; de modo que, independientemente de la usual opacidad de las notas oficiales, resulta obvio que jamás fue posible otra negociación que aquella que pudiese desarrollarse en pie de igualdad entre los unos y los otros. Así, negociar, lo que se dice negociar con ánimo de obtener resultados prácticos, francamente poco durante años.
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Hasta aquí, las claves del escenario moldotransnistriano -valga la licencia-, que he tratado de comprimir en estos dos capítulos sin descafeinarlas excesivamente. Ahora podremos relacionar, sin desontextualizarlos, los contenidos de esa fantasía periodística de D. Francesc-Marc Alvaro -Tiraspol nos mira- con el singularísimo modelo de Estado que auspician los dirigentes del Transdniester -y del Kremlin-, que haría las delicias de los separatistas catalanes.
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Será en una tercera y última entrega, pues ya he burlado largamente el término tamaño razonable con el primer capítulo de esta mini serie.
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continúa
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[1] La “recuperación” del Ruso como lengua oficial figuraba ya en el programa electoral del Partido Comunista, dado a conocer meses antes de los comicios de Febrero-2001, que llevaron a Vladímir Voronin a la Presidencia de la República. Sin embargo, en un acto de torpeza política poco común, el Gobierno decretó a finales del mismo año la enseñanza obligatoria del Ruso en todos los centros académicos, mientras preparaba un proyecto de Ley para equipar su estatus al de la lengua moldava. No se molestaron en promover antes las enmiendas constitucionales necesarias -para lo que estaban ampliamente respaldados por su abrumadora mayoría parlamentaria y por el mismo programa electoral que en su día les catapultó al poder-. De este modo, alimentaron la reacción de los Cristiano-Demócratas, con el siempre oportunista Iure Rosca a la cabeza, que clamaron ante el Consejo de Europa y agitaron a estudiantes y radicales, promoviendo continuas manifestaciones populares en Kishinev –más frecuentes que nutridas- y degradando la imagen democrática del país en el exterior.
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[2] En unas durísimas manifestaciones realizadas ante la prensa moscovita, cuatro meses después de alcanzar la Presidencia, Voronin hacía un guiño al líder secesionista, Igor Smirnov, insinuando -resumo- que "Mircea Snegur -el primer Presidente de la Moldavia independiente- tenía las manos manchadas de sangre como consecuencia de la llegada a los círculos de poder de varios advenedizos tras las elecciones de 1990, los cuales forzaron a los patriotas transnistrianos a defenderse frente a los despropósitos de aquella nueva clase política emergente en Kishinev" [Izvestya, 11.07.01].

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