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Crónicas moldavas ... miscelánea dominical
25 abr. 2005
Escudo de Kishinev
Estandarte de Kishinev o Chişinău
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Ayer, domingo -pues para ayer era este post-, dejé de lado las cuestiones de más rabiosa actualidad para recrearme en asuntos menores -esos que luego resultan no serlo tanto a la vuelta de algún tiempo. Estuve rebuscando entre mis ciento cincuenta hojas de notas para unas Crónicas Moldavas, que seguramente abandonaré, y sonreía al evocar ciertos pasajes realmente entrañables ... Bueno, no todo era tan entrañable, claro. Incluso he llegado a sentirme moderadamente inseguro alguna mañana gélida de aquellos breves y despiadados inviernos en la Besarabia, al dejar detrás al guardia de mi edificio y encaminarme hacia un pequeño local próximo donde algunas veces compraba prensa y cigarrillos ingleses antes de subirme al coche que debía conducirme al despacho en un trayecto de apenas diez minutos.
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Moldova_mapa Hubo un tiempo en que pareció aconsejable adoptar ciertas precauciones elementales -por razones que no vienen a cuento aquí- y otras ciertamente sofisticadas en supuestos puntuales y en relación con determinadas personas. Mi vida apenas llegó a sufrir alteraciones memorables, con excepción de pequeños y escasos sobresaltos, y un disgusto al que me refería en uno de los primeros textos de esta web [en realidad, la reproducción de un e-mail que, en su día, envié a un íntimo amigo español dede mi casa en Kishinev -Кишинев-, o Chişinău, en Moldavo]. En cambio, otros extranjeros de la Organización -incluso algún compañero nativo- no iban ni a mear sin escolta.
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Me hace gracia repasar ahora aquellos primeros equívocos surgidos por causa de la lengua –aunque sería más exacto referirse al desconocimiento de la misma. Nada grave, por lo demás, dado que las gentes en Europa oriental, a diferencia de lo que sucede en Inglaterra, por ejemplo, son extraordinariamente tolerantes con las dificultades expresivas de los extranjeros, como he podido verificar en carne propia en múltiples ocasiones.

Todavía recuerdo la sorpresa condescendiente de una hermosa camarera con motivo de mi primera incursión en solitario en un restaurante de Kishinev. Aquel debía ser el único local de la galaxia en que todos desconocían que chicken es a la cocina lo que El Quijote a la literatura. Así, perdido ante la contemplación de un escueto menú en cirílico, que a efectos prácticos era lo mismo que un papiro del antiguo Egipto para este españolito, comencé a pensar que si no me las ingeniaba pronto, mis tripas no tardarían en protestar como la Sinfónica Nacional, y, dada la hora, corría el riesgo de no probar bocado hasta el momento del desayuno. Fea perspectiva. De modo que arrebaté con exquisita decisión libreta y lápiz a la buena moza, y mientras ella observaba la escena medio perpleja, dibujé sin más preámbulos un pollo en pepitoria –somero, pero humeante-, a imagen y semejanza del clásico icono de los tebeos infantiles.

Rusia
Por el mismo módico precio de aquella cena viví una simpática experiencia y tuve mi primera clase de Ruso coloquial. Aprendí a decir pollo –y casi me salen plumas en las dos semanas siguientes-, cerveza, helado, pan y minuta ... No está mal –pensé.

Tiempo después, ya con más soltura, las meteduras de pata fueron tomando otro cariz. Cierta noche acuñé -sin ser consciente de mi hazaña en tiempo real- la que podría considerarse una de las más egregias expresiones machistas de la Historia. Acudía a una sesión de discoteca en compañía de un amigo y dos mujeres; todos ellos moldavos de etnia rusa. Antes de acceder al local había que comprar las entradas –cuyo coste es diferente en función de los sexos- y decidí que yo mismo podía asumir esa tarea: dos pases para mujeres y dos más para personas, por favor -dije con rotundidad al encargado de la taquilla, poniendo mucho esmero en la pronunciación. Las carcajadas debieron escucharse en el mismísimo Kremlin, y pocos minutos después casi todos los clientes del local se habían enterado ya de la anécdota, como era fácil deducir al observar las muecas, entre complacientes y divertidas, que algunos me obsequiaban.

Esta condescendencia para con mis deslices contrasta con la intransigencia que rusófonos y moldavoparlantes exhiben pertinaztemente entre ellos mismos [especialmente los primeros].
La lengua, instrumento de unión por defecto, se ha metamorfoseado en una herramienta de posicionamiento y discriminación
; un símbolo bastardo de rencores ancestrales, metas dispares y, en cierto sentido, también de pertenencia castas sociales distintas.
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Tiempo atrás, en los albores de la independencia, la presión ejercida por los nacionalistas rumanófilos contra el Ruso -a partir del advenimiento de Mikhaíl Gorbachev- contribuyó a consolidar el desentendimiento entre moldavos de una y otra ribera del Dniester [Moldavo: Nistru, Ruso: Днестр, Ucraniano: Дністер], que concluyó en guerra civil. Un breve y cruel episodio armado cuyos efectos no han sido superados a la vuelta de trece largos años, y cuyos elementos más reaccionarios parecen haberse replicado en la vecina Ucrania, sirviendo de base para la construcción de opciones políticas nacionalistas bien diferenciadas a partir de la segunda mitad de 2001.
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Una cuestión realmente compleja y con demasiados vectores como para abordarla dignamente aquí y ahora.

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7 Comentarios:
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  • Publicado el lunes, 25 abril, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    A pesar de haberte oído contar la misma experiencia varias veces, no dejo de sonreir. Me ha encantado.

    A.R.

     
  • Publicado el lunes, 25 abril, 2005. Anonymous Nurgle escribió…

    No tiene nada que ver con el post si no con el 1º breve de hoy, ya se que los europeos somos la leche y que los demas tendrian que aprender de nuestra ilimitada sapiencia, pero sin desmerecer a nadie y con mi mas profundo respeto a todos, meter en el mismo saco a Rusia a Marruecos y a Moldavia me parece un poco injusto para todos, asi no me estraña que cada dia en la prensa se muestre mas hostil hacia Europa y critica hacia Putin por segun ellos ceder demasiado, hay muchos que creen que lo mejor seria darnos la espalda y volcarse mas hacia China, la India y los paises del sudeste asiatico que estan ansiosas de sus recursos y no le piden nada a cambio ni le dan lecciones de moralina

     
  • Publicado el martes, 26 abril, 2005. Blogger César escribió…

    Difícil equilibrio el que deben mantener los dirigentes del Kremlin, Nurgle, pues son muchos en Rusia los que abogan por una apuesta más radical frente a Occidente; más en la línea de ir por libre mientras se teje una red solvente de influencias sobre China a India, que son dos piezas de inenarrable peso potencial a medio plazo.

    El problema de esta interesante alternativa -nada próxima a la ciencia ficción, ni mucho menos- es no se halla exenta de peligros. Para el año 2050, Rusia habrá perdido un tercio de su población actual; lo que significa que alrededor de 100 millones de rusos tendrán en frente a 1.500 millones de chinos. Una proporción dramáticamente descompensada y potencialmente perversa, pues China deja entrever de cuando en cuando ciertas aspiraciones territoriales en las regiones de Siberia y Extremo Oriente, que, además, se encuentran muy despobladas.

    En fin, Nurgle, que el asunto tiene miga y autoriza un amplio espectro de especulaciones razonables. Entre tanto, esta Unión Europea nuestra, con más vocación que talento para vertebrarse como lo que preconiza su pomposo nombre, es una fuente contínua de problemas para la definición de un modelo de relación con Rusia, que tampoco en este lado del mapa debería ser indiferente a nadie.

    Hemos de aguardar acontecimientos. El mundo ex soviético tiene varios problemas estructurales cuya resolución está pendiente de un guión definitivo; comenzando por el incierto porvenir de la CEI. A su vez, la UE, por más que pretenda que no, arrastra igualmente alguno serios problemas de fondo, que no harán sino agravarse tras esta última amplicación, carente de sentido [excepto para algunos, claro].

     
  • Publicado el martes, 26 abril, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Que interesante lo tuyo. Pasas de la narración casi costumbrista al análisis político de fondo con la misma facilidad que quien se cambia de vestido para salir a tomar una copa. Y que interesante lugar ese.

     
  • Publicado el martes, 26 abril, 2005. Anonymous Nurgle escribió…

    La verdad es que 1500 millones de chinos es para dar miedo no solo a los rusos si no a todo el mundo

     
  • Publicado el martes, 26 abril, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Historias como estas, siempre tienen su lado tierno y humano. Muy bien César, da gusto leerte. Cruz

     
  • Publicado el martes, 26 abril, 2005. Blogger César escribió…

    No puedo evitarlo, Anónima [usas vestido, luego debes ser moza], pero te daría las gracias más efusivamente si firmases con un nombre o un simple nick ...

    Son muchos millones, Nurgle, dices bien. Ahora suma a la peña de India ... Da qué pensar, ¿verdad? Pues parece que tanto rusos como occidentales van a dejar el problema para la siguiente generación.

    Gracias, Cruz.

     
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