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Vladímir Putin: ese niño malo (II)
28 ene. 2005
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El edificio amenazaba ruina –en este punto concluíamos el capítulo anterior.
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Pero he aquí que una vez más pareció confirmarse el viejo axioma acerca de que Dios aprieta si llegar jamás a estrangular. Así, como surgido de las sombras del KGB, apareció en el Kremlin un perfecto desconocido, de nombre Vladímir Putin, por quien nadie apostaba entonces ni la calderilla. Un espía de la región báltica, no demasiado sonriente, abstemio e inexperto en cuestiones de Estado.
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Entre los oligarcas que habían engordado a la sombra de Eltsin, los líderes de las grandes potencias y el Fondo Monetario Internacional terminarían con él mucho antes de que llegase a sentirse un hombre tan importante como su estatus presidencial sugería. Tales eran los augurios en torno al personaje a comienzos de su primer mandato, en la primavera del año 2000.
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El novato recibía de su predecesor un legado aterrador: economía al borde de la bancarrota, deuda asfixiante, déficit comercial, instituciones públicas descontroladas, corrupción galopante, conflictos étnicos internos, prestigio internacional absolutamente devaluado ... población empobrecida y con un fuerte sentimiento de abandono, y –quizá lo más grave, a modo de colofón- una sociedad civil moralmente quebrada y acomplejada ante la evidencia del largo camino de sacrificios que parecía no conducir a ninguna parte.
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Soy consciente de que, así expresado, mi relato suena a melodrama. Pues añadiré, en aras de un mayor realismo, que la vivencia diaria para el 90% de los rusos era todavía peor en los últimos dieciocho meses del Zar Eltsin.
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Para que nos hagamos una idea más próxima a la auténtica magnitud de la situación asumida por Putin, obsérvese que en 1.999 [un año después de que reventase la burbuja creada por Eltsin y sus artistas neocapitalistas, como Egor Gaidar -que sigue dando conferencias sin complejo alguno-, con el aliento de los acreedores internacionales] la Deuda Pública del Estado era igual al PIB. En otras palabras: cada Rublo de la riqueza nacional alcanzaba únicamente para atender las obligaciones de pago derivadas de la emisión de bonos y otros instrumentos financieros, que hicieron multimillonarios a un montón de especuladores internacionales y a no pocos allegados a la Corte. A su vez, la Deuda Exterior, menos censurable desde la perspectiva moral, pero igualmente onerosa, ascendía a 158.000 millones de dólares -en números redondos-, equivalentes al 90% de la riqueza interna de entonces.
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A la vista del paisaje que acabamos de esbozar, nadie en sus cabales habría arremetido contra Putin si los primeros cuatro años de su gestión al frente del país hubiesen concluido en fracaso. Incluso si hubiese dimitido si completar su mandato, o si algún otro aspirante le hubiese desplazado del primer plano en las pasadas elecciones de mayo de 2004.

Y seré más deslenguado aún: muchos en Occidente -pero muchos- desearon que el sucesor de Eltsin completase aquella inacabada travesía desde la desesperanza hacia el desastre absoluto, para así terminar de repartirse el botín.

Liquidadas las aspiraciones regeneracionistas de Moscú, desaparecería para siempre el único contrapeso real capaz de atemperar, siquiera levemente, el hegemonismo estadounidense –imparable tras la liquidación del bloque soviético- y así, de paso, la heterogénea y descafeinada Unión Europea asumiría al fin un papel de sparring cualificado en el contexto geopolítico y estratégico internacional, aún sin mérito alguno para ello [porque esta UE sí que muestra en verdad tintes de travesía interminable; y ampliaciones como la que acaba de producirse, antes de haber resuelto los mil y un problemas que aquejaban a la estructura precedente, no contribuyen a mejorar el panorama ... por más que favorezcan otros intereses sobre los que no me apetece demasiado especular aquí y ahora].

Sin el menor asomo de duda, puede afirmarse que, al menos en 2000 y 2001, la consigna no escrita era poner al ruso contra la pared -como muy bien dijo Rafael Poch- y no permitir que separase el trasero de la misma nunca más, abortando para los restos cualquier pretensión moscovita de desempeñar un rol preferente y referente.

Sin embargo, los cálculos fallaron –de lo que algunos nos alegramos sin pudor, también en Occidente-. A término de su primer período en el Kremlin, la Federación Rusa exhibía otro rostro, y sus habitantes habían recuperado parte del orgullo que desde dentro y fuera les habían arrebatado en sólo una década.

Antes de someterse a la reelección para otros cuatro años, el poder adquisitivo de los rusos había mejorado y la producción industrial mostraba signos evidentes de recuperación y dinamismo; la Deuda Pública redujo su peso en la economía hasta el 33% del PIB -lo que la sitúa al nivel de las economías más sensatas de la Unión Europea-, y la Deuda Externa se había desplomado hasta los 120.000 millones de dólares, que correspondían al 27,5% del PIB ... [Los más interesados en conocer la evolución de la economía durante el primer ciclo presidencial de Putin, posiblemente hallarán interesante la consulta de otro texto publicado en este espacio el pasado 15 de noviembre:
Россия живет хорошо: Rusia va bien!].

Nada que ver con la herencia, ¿verdad? Pues en Occidente, ahora más que nunca, continuamos empeñados en demostrar al mundo que Vladímir Vladimírovich Putin -Владимир Владимирович Путин- es realmente un lastre para Rusia [lo veremos en el capítulo siguiente].
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CONTINÚA
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Accede desde aquí al capítulo siguiente: Vladímir Putin: ese niño malo (III)
También puedes acceder directamente al capítulo inicial: Vladímir Putin: ese niño malo (I)

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3 Comentarios:
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  • Publicado el viernes, 28 enero, 2005. Blogger Lugarteniente escribió…

    Esta serie promete. No olvides retomar, sin embargo, "Asia Central y el Caucaso" cuando sea posible. Me he vuelto fan de la serie. Felicidades

     
  • Publicado el viernes, 28 enero, 2005. Blogger César escribió…

    Esta serie será corta. Uno o dos capítulos más (tampoco hay que pasarse). A la del Cáucaso le faltan otros dos ... o tres. De hecho, habría terminado hace mucho tiempo de no ser por los ucranianos, que ya ves lo noticiables que se muestran. Creo que el próximo apunte caucásico va a gustarte.

     
  • Publicado el jueves, 10 febrero, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Rezad!
    Goryachiy

     
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