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El Kremlin, el Cáucaso y el Asia Central ... Caliente, caliente (VII)
4 ene. 2005
Batumi, capital de la polémicaa región georgiana de
Ajaria, a vista de cañón y mono ... Todo un presagio
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El capítulo anterior de esta serie finalizaba así: Washington carece de argumentos para sentirse optimista a medio plazo en relación a las Repúblicas del Asia Central. Sus empresarios cosecharán éxitos más o menos reseñables participando, como hacen desde 1992, en los procesos privatizadores abiertos por doquier en toda la ex URSS, o bien en virtud de su más reciente partenariado con diversas Compañías rusas del sector energético. Mas allá de este escenario, es larga la lista de elementos en su contra [y con dicha lista iniciaremos el próximo capítulo de la serie].
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De modo que retomaremos el hilo argumental con la relación -no exahustiva, por supuesto- de obstáculos que se oponen a los planes de la Administración USA con respecto a las Repúblicas centroasiáticas [Kazakhstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kyrgyzstán y Tajikistán]:
• Dispersión geográfica (concepto que no precisa comentario alguno).
• Elementos culturales difícilmente aprensibles desde la aséptica simplicidad occidental.
• El Islamismo dominante en la región y su entorno circundante.
• Peso abrumador del soviet style, alimentado día a día por las influyentes minorías rusas residentes en los países de referencia.
• Dependencia económica manifiesta de las estos y otros Estados de la CEI frente a Moscú, que no sólo es su acreedor principal, sino también el único mercado exterior a gran escala –con excepciones puntuales- y el primer proveedor de casi cualquier elemento imaginable [desde un transformador para el sistema de distribución de energía eléctrica, hasta un analgésico, pasando por cualesquiera repuestos con que mantener operativas las Fuerzas Armadas].
• Sistemas legislativos y ejecutivos de corte soviético rancio –pero muy rancio-, poco permeables a la injerencia occidental, política o/y cultural, y siempre prestos al gesto autoritario. Los rusos, con quienes compartieron pupitre durante decenios, comprenden mejor que bien dicha mentalidad y no sienten preocupación alguna por lo políticamente estético, tan inquietante para europeos y estadounidenses cuando se trata de compartir espacio en la fotografía.
Ocioso es destacar que pocas cosas hay más opinables que las cuestiones implicadas en un ejercicio de futurología política –y todo aquí se halla, desafortunadamente, en fase de dibujo-. No obstante, mi teoría apunta hacia el fracaso de cualquier iniciativa para ganar terreno al Kremlin en Asia Central, y, por consiguiente, hacia una focalización progresivamente mayor del esfuerzo sobre la región del Cáucaso sur; particularmente en Armenia y Georgia.

James Wertsch, profesor del área de Estudios Internacionales de la Universidad de Washington, reflexionaba en un texto publicado en marzo del pasado año sobre las razones que soportan el interés de la Casa Blanca en Georgia [Terrorism, Decocracy and Oil -15.03.04- Russian Profile]. En su análisis, el Profesor Wertsch pasa revista a todos los argumentos reseñables –que no son demasiados, dicho sea de paso-, incluyendo, obviamente, el único de auténtico peso específico: el territorio de tránsito inexcusable para los nuevos gasoductos y oleoductos con los que se pretende soslayar a la Federación Rusa, socavando al mismo tiempo su influencia en el área.

Dicho esto, el autor sobreestima con académica ingenuidad, casi candorosa, el peso de los dos elementos más consumibles y más frecuentemente esgrimidos en los medios de comunicación, mayoritaria y abrumadoramente desconectados del fondo de ésta y cualesquiera otras cuestiones relacionadas: de un lado, la cruzada antiterrorista transnacional emprendida por Casa Blanca a partir del 11-S. En segundo lugar, se trataría de apuntalar lo que desde Washington es considerado como el más claro experimento democrático puesto en práctica por una nación ex soviética desde 1991.

Sin duda hay algo de cierto en el fondo de tales argumentos. Algo, insisto. Sin embargo, la política exterior de rusos y norteamericanos no se basa en idea romántica alguna ajena a la dulce y honda inspiración que dimana de los aromáticos hidrocarburos y el tacto electrizante y vigoroso de las redes de conducción que surcan valles y montañas para preñar con su energética semilla, cuales falos omnipotentes, la maquinaria industrial del planeta ... A eso queda reducida la lírica, si se me permite el sarcasmo.

"Durante su Presidencia –escribe James Wertsch-, se asumió corrientemente que la atención norteamericana en Georgia estaba soportada en los lazos personales de Shevarnadze con el establishment de Asuntos Exteriores USA. Desde tal perspectiva, América estaba en deuda con el hombre que ayudó a derribar la URSS, y continuaría ayudándole en tanto lo necesitase y pidiese”.

ShevarnadzeEl mismo Eduard Shevarnadze debió creerse en posesión de tal cheque en blanco. De lo contrario, resulta harto difícil explicar la naturaleza de sus gestos rusófobos y aquella otra de su nihilismo en prácticamente todos los órdenes.

Lo cierto es que el tiempo transcurría y sus valedores estadounidenses daban muestras de cansancio y decepción frente a la ineficacia manifiesta del líder georgiano, cuyas presuntas habilidades parecían haberse agotado en la tarea de destruirlo todo cuando era Canciller de la URSS, en compañía de Mikhaíl Gorbachev, ese otro grano en el trasero de la historia contemporánea, cuyas torpezas encadenadas marcarán por lustros y más lustros la vida de individuos y naciones.

Dinamitar estructuras, sin diseño alternativo adecuadamente proyectado, es tarea fácil. De ahí a creerse Ingenieros media apenas un paso; especialmente, cuando los espectadores sobrevaloran nuestros activos intelectuales y nuestros cimientos morales. Así, mientras Gorbachev emprendía un rumbo salpicado de prédicas –algunos prefieren el término “conferencias”-, persistiendo en asombrar a todo ser viviente con los [inexistentes] logros de su perestroiko recetario, Shevarnadze, a su vez, envuelto en ese mismo aura de misticismo y superioridad moral que ilumina a su antiguo jefe, se aupó al poder en la República de Georgia ... Y todo fue a peor enseguida; como era de prever.

No hay duda –continúa diciendo Wertsch- de que los políticos americanos sentían respeto y afecto reales por Shevarnadze durante los primeros años; pero esas mismas personas se volvieron gradualmente impacientes con la ineficiencia del personaje como Presidente de Georgia. Sus amigos en EE.UU se convirtieron en sus críticos y comenzaron a enviarle mensajes contundentes, enfatizando la necesidad de un cambio. Sin embargo, sus mensajes no fueron escuchados, y el resultado se concretó en la retirada de todo apoyo estadounidense a su presidencia”. Los días de Shevarnadze como estadista contados.

El balance gestor de este hombre de rostro angelical –hasta en eso se asemeja a Gorbachev- bien podría sintetizarse en la idea del tres en uno: decepcionó a sus patrocinadores norteamericanos, que perdieron tiempo y dinero esponsorizando sus desastres; irritó repetidamente a los rusos, que le devolvían casi todos los golpes y que más de una vez consideraron la opción de un gesto contundente -si es que no estaban directamente implicados en la comisión de algunos atentados contra su vida-, y –lo que es peor-, empeoró la ya precaria condición ética de la clase política georgiana, al tiempo que empobrecía un poco más a su castigadísimo pueblo. Ni proponiéndoselo mejoraría la marca.
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* Esta serie, próxima ya a su final, comienza aquí:

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2 Comentarios:
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  • Publicado el miércoles, 05 enero, 2005. Blogger Lugarteniente escribió…

    Shevarnadze, otro que, como Gorbi, sigue paseandose con total impunidad, dando, como dices tu, discursos metafisicos cargados de superioridad moral. Me gustaria saber cuanto dinero se llevo el bueno de Gorbi por el no-discurso que dio en el Forum de las Culturas de Barcelona este año pasado.

     
  • Publicado el miércoles, 05 enero, 2005. Blogger César escribió…

    Pues no conozco la cifra, pero su cotización andará muy próxima a los "10 kilos" de las antiguas pesetas por conferencia (si es que no excede dicha cantidad).

    Lo preocupante, en mi opinión, no estriba en los honorarios del personaje -Gorbi no figura entre los diez más caros-, sino en el hecho de que tanta gente continúe escuchando embelesada sus letanías, ajena por completo a las múltiples evidencias de su devastadora gestión al frente de la URSS.

     
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