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El Kremlin, el Cáucaso y el Asia Central … Caliente, caliente (III)
4 dic. 2004
En los dos capítulos anteriores he tratado de señalar las grandes líneas que inspiran la política exterior de Moscú en el Cáucaso y el Asia Central, percibida como imperialista desde muy diversas gafas –Imperialismo a la rusa, en todo caso, tendencialmente reintegracionista y fundado en razones históricas, entre otras, que si bien no lo justifican, no es menos cierto que introducen elementos diferenciales frente a actitudes análogas de Estado, tradicionalmente expansivas, como la estadounidense, por ejemplo … Y mejor dejamos de lado el fenómeno, o esto derivará hasta convertirse en una tesis sobre los modelos neocolonialistas surgidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Resaltaba igualmente en los apartados previos el papel de las minorías rusas residentes en el área que nos interesa, así como el incentivo que suponen para Moscú la muy importantes
reservas de petróleo y gas natural de Kazakhstán, Turkmenistán, Uzbekistán y Azerbaiján [menos abundantes, sin dejar de ser notables, en los tres últimos países citados].
.
La cuestión del transporte de tan preciados recursos hacia los mercados demandantes es otra batalla, dentro del gran guerra de los combustibles fósiles. Un juego de estrategia que moviliza inversiones multimillonarias, recursos de ingeniería avanzada y, sobre todo, que altera el valor estratégico de los contendientes, o concede un extraño protagonismo a nuevos actores -secularmente al margen de la producción y comercialización de hidrocarburos-, que pasan a convertirse en interlocutores relevantes y, amenudo, incómodos para todas las partes. Tal es el caso de Georgia, en el Cáucaso suroccidental, o de Afganistán, en el extremo suroriental de la CEI … Todo un tema sobre el que también será mejor explayarse en otra ocasión.

A día de hoy, la práctica totalidad del petróleo y el gas natural con origen en esta parte del mundo llega a Europa a través de la red rusa de oleoductos y gasoductos, que no ha hecho sino crecer y modernizarse durante los últimos años –y en ello continúa empeñada-. Sin embargo,
proyectos alternativos buscan abrirse camino en tan jugoso escenario de negocio, dando entrada a nuevos socios occidentales –sin olvidar a los japoneses- y planteando opciones adicionales al suministro hacia la Unión Europea y, a pocos años vista, hacia Pakistán, India y China, que forman parte destacada del entorno geográfico llamado a capitalizar los mayores incrementos de la demanda en la próxima década [en realidad, las exportaciones hacia Oriente están ya disparadas hoy, y guardan íntima relación con los movimientos especuladores que venimos padeciendo desde hace más tiempo del que desearíamos recordar].

De modo que, en torno al petróleo y al gas, pululan dos amenazas a las que debe hacerse frente desde Moscú con ágiles movimientos de tablero en el corto y medio plazo:

1 - Competencia creciente –en el vecindario-, que habla de posibles limitaciones en los planes estratégicos de las grandes operadoras rusas, directamente participadas por el mismísimo Estado en los casos más significativos [Gazprom, sin ir más lejos].

2 - Posibles estados de ánimo eufóricos –digámoslo así- en los Gobiernos de algunos países implicados, que podrían sentirse tentados de ensayar nuevas afinidades, o bien de encarecer su adhesión a la política del aliado natural.

Por supuesto, sucesivas Administraciones estadounidenses han buscado y propiciado sistemáticamente el desmarque de algunos actores regionales frente a Moscú desde el mismo instante de la desaparición de la URSS. Y bien podría decirse –a mi me lo parece- que han cosechado ciertos resultados en Azerbaiján y buenos resultados en Georgia, país éste que apenas produce 2000 barriles diarios de crudo [nada en términos de valor añadido], pero que viene siendo una especie de forúnculo crónico en el trasero de la Federación Rusa.

Esta joven República sin Ley, patria de
Stalin, con una complejísima estructura social e históricamente gobernada por incompetentes [Eduard Shevardnadze] o aficionados [me refiero al dueto dirigente actual, integrado por Mikhaíl Saakashvili y Nina Burganadze], supone un quebradero de cabeza perenne para Putin y Bush; un desastre gestor con un único activo para mantenerse en el candelero e ir librándose, de paso y por ahora, de acciones más contundentes por parte de Rusia –que presumiblemente ha sopesado el asunto en mil y una ocasiones recientes-. Dicho activo no es otro que el derivado de su inopinada condición de territorio de tránsito obligado para las proyectadas redes de transporte de hidrocarburos desde la cuenca del Caspio hasta el Mar Negro y el Mediterráneo oriental [alguna de las cuales se encuentra ya en avanzada fase de ejecución].

En este mapa podemos apreciar -en azul- el trazo del gran oleoducto que pronto
unirá los yacimientos de Bakú, en el Caspio, con Ceyhán, en el Mediterráneo turco
.
Georgia adquiere así un matiz similar al de Afganistán, al compartir ambos la condición de tierra de paso, de cuyo control depende el porvenir de enormes esfuerzos empresariales y económicos de Occidente en el sector energético, sin olvidar el creciente valor geoestratégico asociado a estos países dentro del nuevo equilibrio de fuerzas que comienza a insinuarse en el horizonte, con un actor estelar inapelable –Washington-, un secundario que no renuncia a recobrar parte del antiguo estrellato –Moscú-, un extra más glamuroso que destacado en casi todos los ámbitos –la OTAN- y una vigorosa promesa en ciernes –China-, cuya estudiada discreción no debería inducirnos a engaños.

Y llegados a este punto, queda claro que me he apartado del guión original, que no contemplaba la posibilidad de extenderme tanto en esta variable del análisis. Trataré, pues, de esquematizar un poco más el discurso en los capítulos aún pendientes, procurando no hacerlo a costa del mínimo rigor exigible.

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4 Comentarios:
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  • Publicado el lunes, 06 diciembre, 2004. Blogger Southmac escribió…

    Te voy a parecer cruel o ignorante, pero la pregunta que me asalta últimamente al leerte es: ¿a quién es necesario matar para formar parte de los servicios de inteligencia?

    Aclaración: por supuesto me refiero a un asesinato metafórico, ya que nada más lejos de mi intención que hacer apología de cualquier tipo de violencia explícita o subyacente.

    PD: hay un par de copas pendientes mientras el nuevo telón de acero, cuyas fronteras van a estar más próximas a Finisterre que a Kiev, sigue perfilándose

     
  • Publicado el lunes, 06 diciembre, 2004. Blogger César escribió…

    Un sabio proverbio ruso dice que Пиво без водки, деньги на ветер .. jeje .. O sea, "cerveza sin vodka, dinero tirado al aire". De modo que si nos tomamos esas cañas "a la rusa", quizá terminemos descubriendo a quién hay que cargarse.

    Lo del "telón de acero" en Finisterre es una idea interesante. Calculo que después de tres cervezas y tres chupitos de Stolíchnaya terminaré por convencerme de que tu sugerencia explica la única manera posible de jubilar a Manuel Fraga.

     
  • Publicado el lunes, 06 diciembre, 2004. Anonymous Anónimo escribió…

    Авось да небось на фронте брось!

     
  • Publicado el martes, 07 diciembre, 2004. Blogger César escribió…

    Нет никакой проблемы. Я не буду начинать мою водку ... Por cierto, me reñirán si seguimos hablando en la lengua de Pushkin ...

     
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