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Россия живет хорошо: Rusia va bien! (así lo diría Aznar)
15 nov. 2004
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Muy bien, diría yo, si tenemos en cuenta la situación a comienzos del año 2000, cuando se produjo el relevo de Boris Eltsin en el Kremlin [más vale tarde que nunca!].

Cierto que la inflación continúa instalada en niveles ligeramente superiores al 10% anual. No obstante, con la excepción de China, que en aquellos primeros años de despegue pudo sostener tasas de crecimiento anual de dos dígitos y mantener a raya el índice de precios, no es fácil hallar precedentes similares de naciones que reconvierten sus economías e inician un ciclo fuertemente expansivo sin que ello repercuta adversamente en los niveles de inflación. Además, el tirón del consumo no industrial ha sido bastante mayor en la Federación Rusa, y eso pasa factura en términos de IPC.

Hecha esta salvedad, resulta destacable la reciente publicación de las cuentas federales, tras los primeros diez meses del ejercicio. De entre el siempre farragoso cuadro de indicadores macroeconómicos, cabe reseñar el superavit obtenido en el período, que asciende a 505.000 millones de Rublos [17.560 millones de dólares, al cambio]. Expresado en otros términos, no menos gráficos, un 3,7% del Producto Interior Bruto [que suma, en los diez meses de referencia, $ 473.600 millones].

Así las cosas, Rusia ha dejado atrás su condición de Estado moroso, secularmente instalado a las puertas de las instituciones financieras y otros acreedores internacionales para renegociar el calendario de vencimientos de una deuda que no hizo sino incrementarse bajo la nefasta gestión del filósofo Gorbachev –premiado con el Nobel de la Paz tras mil y un disparates- y el irresponsable y desmedido Eltsin; quien, visto lo visto, no desentonaría entre algunos [especímenes] titulares del Príncipe de Asturias.

Cuando finalice el año en curso, la Federación Rusa habrá abonado 9.000 millones de dólares en concepto de Deuda Externa [3.200 de los cuales corresponden a cargas heredadas de la extinta URSS], y en el 2005 desembolsará otros 11.500 millones casi sin despeinarse. Impensable cinco años atrás.

Para que nos hagamos una idea del abismo que separa el legado adquirido y el balance actual de Putin, obsérvese que en 1.999 [un año después de que reventase la burbuja creada por Eltsin y sus artistas neocapitalistas, como Egor Gaidar, que sigue dando conferencias sin complejo alguno, con el aliento de los acreedores internacionales] la Deuda Pública del Estado era igual al PIB. En otras palabras: cada Rublo de la riqueza nacional alcanzaba únicamente para atender las obligaciones de pago derivadas de la emisión de bonos y otros instrumentos financieros, que hicieron multimillonarios a un montón de especuladores internacionales y a no pocos allegados a la corte del Zar Eltsin.

A su vez, la Deuda Exterior, menos censurable desde la perspectiva moral, pero igualmente onerosa, ascendía a 158.000 millones de dólares, aproximadamente, equivalentes al 90% del PIB de entonces.

En los cuatro años y medio siguientes, la Deuda Pública ha ido reduciendo su peso en la economía hasta situarse en un 33% del PIB, lo que la sitúa al nivel de las economías más sensatas de la Unión Europea [y no seré yo quien se atreva a decir que la insensatez ha sido definitivamente superada en Rusia; pero no hay color si planteamos el mínimo ejercicio comparativo]. Por otra parte, la Deuda Externa importa en la actualidad alrededor de 119.000 millones de dólares, que corresponden al 27,5% del PIB. Revelador, ¿no?

¿Cómo han evolucionado los rusos desde el caos hasta la solvencia? Desde luego, la magia nada tiene que ver en el buen tono general que muestran las cuentas de la Federación. Sin entrar en los entresijos de la política económica de Vladímir Putin –porque ni soy auditor, ni miembro de número de esas preclaras tertulias radiofónicas, que ofrecen diariamente las claves de lo divino y lo humano-, me atrevo a señalar dos factores explicativos, entre otros; uno de carácter más intangible y otro ciertamente objetivo:

Lo intangible se desglosa y concreta en claridad de ideas, perseverancia en los objetivos estratégicos de la Nación y rigor metodológico y funcional [comenzando por el rigor presupuestario]. Putin es tan criticable como cualquier otro dirigente político –el poder es criticable por definición-. Sin embargo, basta una simple mirada retrospectiva para establecer que bate a sus predecesores en todos los órdenes. En todos y cada uno sin excepción.

Y aún a riesgo de resultar políticamente incorrecto –aún más-, y en abierta oposición a cuantos llenan sus bocas y folios de democracia conceptual, hablando incansablemente de retroceso de las libertades bajo el mandato del actual Presidente ruso, no me remitiré simplemente a la opinión de la inmensa mayoría ciudadana rusa –la única legitimada para decir si esto es así y que, curiosamente, manifiesta su desacuerdo con dicha tésis-, sino que añadiré que ni Mikhaíl Gorbachev ni Boris Eltsin hicieron nada al respecto excepto hablar, hablar y hablar, mientras el país se encaminaba hacia un abismo negrísimo, a todos los niveles, y la sociedad civil, alimentada a base de perestroika y desabastecida de carne en los supermercados, se instalaba en niveles de pobreza desconocidos desde los tiempos de Krushev [ver algunos datos crudos en
La transición postsoviética: una historia de confusión II].

Pienso en esta realidad y en el reconocimiento que Occidente dispensó a ese par de locos egregios que precedieron a Putin, y siento una mezcla de cabreo y rubor ... Y qué venga ahora Anna Politkóvskaya
, plácidamente instalada en Londres, a decirnos que el actual inquilino del Kremlin es peor que un cólico nefrítico [resulta lacerante observar el modo en que prosperan estos personajillos explotando un calculadísimo discurso disidente, que cotiza la francamente bien en la cada vez más inculta y superficial Unión Europea, tan proclive al reallity show como ajena a la objetividad].

• El elemento objetivo –entre otros, insisto- al que me refería como aval de la recuperación económica rusa, está directamente ligado a la Industria de los hidrocarburos; un vigoroso motor que no sólo incrementa su eficiencia a cada paso, sino que ha visto enormemente favorecida su dinámica por el desmesurado incremento en la cotización del crudo a lo largo de los doce últimos meses.
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Veamos unos datos ilustrativos:
• Entre enero y octubre del año en curso, la Federación Rusa produjo 465 millones de toneladas de petróleo, de las que ha exportado 184,73 [casi un 20% más que en el mismo período del ejercicio anterior].
En el mismo plazo, la producción de gas natural –que está llamado a desempeñar un papel más importante que el del petróleo como combustible fósil- se cifra en alrededor de 500.000 millones de m3 [téngase en cuenta que Rusia es el primer productor y exportador mundial de gas y el segundo exportador de petróleo, por detrás de Arabia Saudita].
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El potencial de la industria rusa en este segmento había sido claramente subestimado por los propios rusos durante decenios. A día de hoy las cosas son felizmente distintas, y el país, cuyas reservas probadas de petróleo se cifran en 60.000 millones de barriles, va camino de igualar o batir las cifras de su rival saudita.

En todo caso -como señala un reciente informe un informe del Banco Mundial- la Industria de los hidrocarburos fue responsable de nada menos que el 25% del PIB nacional en 2003, a pesar de que sólo proporciona empleo al 1% de la población.

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