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Crónicas Moldavas: luces y sombras
10/11/2004

Kishinev es una ciudad hermosa. Hermosa a pesar de su decadencia; digna, revestida de una especie de humilde majestuosidad; luminosa, sombría y serena ... Kishinev es, para mi, una síntesis dulce y amarga de contradicciones.

Me encantaba pasear temprano por sus calles los fines de semana. Salir de mi apartamento y gozar de su espléndido aroma primaveral –en primavera, claro- mientras recorría sin prisas la gran avenida central, profusamente poblada de árboles orgullosos; casi desafiantes [no esos anoréxicos esquejes con los que nuestros Alcaldes pretenden dar cuenta de su hondo sentir ecologista].

Los días se alargaban gozosamente tras el corto y duro invierno, y sentarse a desayunar al final de la caminata, en alguna sencilla terraza, mientras la ciudad apenas comenzaba a desperezarse de su letargo, era una experiencia corriente, pero de sabor nada banal para este españolito. En aquellos momentos, cuando sostenía entre las manos una taza de café y seguía con la mirada las evoluciones de algún pajarillo, que daba cuenta de su propio desayuno en el alcorque de enfrente, experimentaba esa paz que sólo me llena cuando tengo la certeza de estar en el lugar preciso ... Todo cuanto había dejado cuatro mil kilómetros atrás, tiempo atrás, carecía de poder para perturbarme en aquellos instantes de afortunada quietud.

Las noches de Kishinev tienen algo de inquietante en primavera. Sus cielos estrellados, en anárquica armonía con la escasísima iluminación urbana -producto de la cortedad de fondos municipales para abonar la factura eléctrica- permiten extraños dibujos a base de sombras y claroscuros de diverso matiz sobre las aceras. También me gustaba caminar de noche. Lo hacía constantemente fuera de los pocos meses en que deambular al pairo requería enfundarse en un denso y pesado paltó
-пальто, abrigo- y enterrar las manos, enguantadas ellas, en lo más recóndito de sus bolsillos para zafarse de aquel frío cabrón, capaz de liofilizar hasta los pensamientos más libidinosos.

Kishinev

Desde mi céntrica vivienda hasta la habitualmente concurrida terraza de un no menos céntrico restaurante que frecuentaba, tenía diez minutos de paseo calmo y reconfortante, que me sabían a gloria bendita los viernes, al final de una jornada usualmente larga, punto y aparte en una semana repleta de jornadas similares.

Una noche inopinadamente distinta a todas las anteriores, alrededor de las once, doblaba la esquina de las Avenidas Stefan cel Mare y Pushkin para reunirme con mi chica y darnos un homenaje a base de caviar gris azerbaijano con blínchkii, cuando casi tropecé con una niña sentada sobre la acera y apoyada contra la fachada del edificio que enmarcaba el cruce de ambas vías.

Aquella criatura no tendría más de seis o siete años. Recuerdo su cabello rubio, sus ojos muy abiertos, de una tonalidad clara, que no puedo describir por causa de la poca luz. También recuerdo sus piernas menudas y encogidas, cubiertas por un vestido a rayas de indefinido color; tal vez descolorido. Su brazo derecho como atrapando el propio regazo; extendido el izquierdo y apoyado sobre las rodillas, con la mano abierta sin convicción, en el extremo; abierta de resignación.

Quise pasar de largo y dejar atrás, como tantas otras veces, la sempiterna estampa urbana del contraste entre dos mundos que coexisten en el mismo espacio, sin más vínculos que el gesto mendigo y una limosna ocasional. Caminé unos metros. Pocos metros. A cada paso sentía crecer en mi interior una culpabilidad ansiógena, que esta vez no se difuminaría al girar cien metros más allá, en la siguiente y más arbolada esquina. El rostro de aquella niña, que ni siquiera había llegado a mirarme, comenzó a fundirse con el de mi propia hija menor, hasta que de pronto eran increiblemente idénticas.

Volví sobre mis pasos, me incliné ligeramente sobre ella y le pregunté en Ruso cómo se llamaba, porque no sabía qué coño decir. Entonces levantó su rostro, muy despacio, y enfrentó su mirada a la mía, con una extraña mezcla de fijeza y suavidad; como si no comprendiese mi pregunta. La repetí, esta vez en Moldavo –variante local del Rumano-, y tampoco así pude despejar mis dudas. Tal vez ni me escuchaba ... Yo qué sé! Sólo me miraba muy quieta.

Quería levantarla del suelo, abrazarla y llevármela de ahí. Quería preservarla de las cosas terribles que suceden a veces con los niños en ese lugar de suaves primaveras. En mi impotencia poco descriptible y menos excusable aún, acerté únicamente a depositar un billete de 20 Lei –algo menos de 2 €- sobre su mano desganada, y a empujar aquellos frágiles dedos para que atrapasen la puta dádiva, expresión de mi complejo de culpa ...

El resto de la película es irrelevante. Mi velada de aquel viernes, desenfadado y lujurioso en su diseño, quedó reducida a una corta y mohina sesión de cerveza tostada y vodka helada, que entibiaron algo mi semblante compungido en aquella noche plácida de amargo regusto.

Desde entonces, mientras continué viviendo en Kishinev, he pasado casi cada noche de cada fin de semana por la esquina de Pushkin y Stefan cel Mare. Lo hacía con la esperanza de encontrar nuevamente a aquella niña y redimirme.

Aún me siento en deuda con ella.

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23 Comentarios:
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  • Publicado el jueves, 11 noviembre, 2004. Anonymous Anónimo escribió…

    No me creo eso de la segunda parte irrelevante de la historia, pero imagino que no nos la vas a contar. Me has hecho pensar y llorar. Me ha encantado. Mana.

     
  • Publicado el viernes, 12 noviembre, 2004. Anonymous Anónimo escribió…

    Me parece precioso y desgarrador lo que cuentas y me quedo con las ganas de saber qué quieres decir exactamente cuando dices "redimirme". Veo pedir cada día a muchos niños y niñas cerca del colegio público en que doy clase, pero termino de leerte y me asusta pensar en cómo será la próxima vez que pase delante de alguno de ellos.

     
  • Publicado el viernes, 12 noviembre, 2004. Blogger César escribió…

    La segunda parte de la historia, Mana, es demasiado personal, lo que la convierte en "irrelevante" a efectos de su exposición en un espacio como éste. No se trata simplemente de pudor -que algo de eso hay también, of course-, sino de que no desconectarme demasiado del propósito original de esta bitácora; esto es, ofrecer una visión del mudo postsoviético -entre la presbicia y la hipermetropía- que debe combinar hechos, juicios y vivencias personales.

    La niña de mi relato representa una fracción de la durísima realidad que envuelve diariamente a una buena parte de la sociedad civil postcomunista, que ha sido miserablemente estafada en su transición hacia el capitalismo. Las más de las gentes de buena fe creyeron por un instante que Gorbachev y Boris Eltsin les situarían "en un pis-pas" al nivel de los occidentales ... No comment.

    Sólo te diré, Mana, que "mi niña" jamás habría pasado por semejante trance si la URSS estuviese aún viva (y conste que no abogo por su resurrección)

     
  • Publicado el jueves, 31 marzo, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Ya lei esto en su fecha, mas tarde ... Y lo hago ahora. Solo puedo decir que es infinita la ternura que despiertan los niños en ti. Eso te hace grande. "¿Que pide el niño con vivas ansias? La flor preciosa de la enramada. No por lo bella ni por lo extraña, ni por ser grande ni por ser blanca: únicamente quiere tocarla porque sus manos aún no la alcanzan". Me alegro de tu sensibilidad. Muasss

     
  • Publicado el miércoles, 13 abril, 2005. Anonymous xoce escribió…

    conmovedor.
    tu hija es tan pequeña o la foto es antigua?

     
  • Publicado el miércoles, 13 abril, 2005. Blogger César escribió…

    La foto de mi hija es antigua, Xoce. Adriana -que así se llama- tiene hoy 17 años. En la foto de referencia tenía 5. Con esa edad, bien podría pasar por hermana de la pobre criatura que -tristemente- protagoniza mi relato.

     
  • Publicado el martes, 30 agosto, 2005. Anonymous Gela escribió…

    Lamentablemente en las calles de Chisinau aparecen muchos ninos tristes que piden ayuda a la gente... lo mas duro es que sus padres les mandan alla, para poder despues comprarse bebida

     
  • Publicado el martes, 30 agosto, 2005. Blogger César escribió…

    Ser niño es estupendo, Gela, o una enorme desgracia. Gracias por tu comentario.

    ¿Escribes desde Chisinau?

     
  • Publicado el jueves, 01 septiembre, 2005. Anonymous Gela escribió…

    Si, os leo y escribo desde Chisinau.
    Encontre por casualidad esta pagina y es por priemera vez que veo algo parecido. Es una pagina muy viva.

    Tengo la impresion de que su nombre me suena muy conocido.
    Sera por el hecho de que cuando Usted se fue de Moldova, yo empece a colaborar con la misma empresa, en calidad de becaria.

     
  • Publicado el jueves, 01 septiembre, 2005. Blogger César escribió…

    Es muy posible, Gela. En esa Empresa a la que te refieres, aunque es muy grande, me conocían muchísimas personas. Muchos me llamaban el moldavo [o también el ruso].

    Ya no vivo ahí, pero continúo siendo moldavo. Eso ya no cambiará.
    No dejes de visitar esta web.

     
  • Publicado el viernes, 02 septiembre, 2005. Anonymous Gela escribió…

    Felicidades por ser tan "patriota". A mi tambien me encanta mi pais, pero creo que los motivos que tengo yo y los suyos por seguir siendo moldavo no coinciden.
    No se si leyendo esta pagina podria entender bien porque se acerco tanto a este lejano" pais.

    En cuanto a la empresa, creo que hemos trabajado en la misma, pero ha cambiado mucho y no creo que los pocos espanoles que vienen aqui (si vienan) se "enamoran" como antes de nuestro pais.

    Un gran saludo a todos los espanoles de corazon moldavo!!!

     
  • Publicado el viernes, 21 octubre, 2005. Blogger César escribió…

    Nota.- He cambiado la imagen de cabecera -de mi hija pequeña- por una más realista y próxima al lugar de los hechos.

     
  • Publicado el viernes, 23 diciembre, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Gracias, no me hubiera gustado perdérmelo.
    A veces se nos encoge el corazón y sin embargo seguimos sin más.
    Es bueno contarlo, y así, doblemente bueno.
    Me gusta cómo lo haces.
    Un beso enorme (navideño) con mis mejores deseos.
    Sara.

     
  • Publicado el sábado, 24 diciembre, 2005. Blogger César escribió…

    Otro especial navideño para ti, Sara. Celebro ver que no te has perdido del todo.

     
  • Publicado el domingo, 01 enero, 2006. Blogger jose escribió…

    HE LEIDO EL RELATO. DESGRACIADAMENTE LA MENDICIDAD FORMA PARTE DE LA VIDA, Y LA EXPLOTACION DE MENORES TAMBIEN, INCLUSO EN SOCIEDADES MAS DESARROLLADAS QUE LA MOLDAVA.
    CONOZCO LA ESQUINA DE PUSKIN CON STEFAN CEL MARE, ES EL PUNTO EN EL QUE SE CITAN LOS HABITANTES DE KISHINEV (MI NOVIA VIVE EN PUSKIN,
    Y HEMOS QUEDADO ALLI A VECES). TAMBIEN ES UNA CIUDAD BONITA EN OTOÑO, Y TIENE MUCHAS VENTAJAS, COMO LA SEGURIDAD DEL CENTRO DE LA CIUDAD, LOS PASEOS NOCTURNOS POR PARQUES, ETC.
    TURISTICAMENTE NO HAY DEMASIADO PARA VER, PERO MONTAR EN MINI-BUS O TROLEBUS ES UNA EXPERIENCIA COMPARABLE A CUALQUIER OTRA ORGANIZADA POR AGENCIA DE VIAJES.
    ES UNA PENA LOS PROBLEMAS POLITICOS QUE IMPIDEN N MAYOR DESARROLLO ECONOMICO, PERO ESTOY SEGURO DE QUE MOLDOVA SALDRA ADELANTE.

     
  • Publicado el viernes, 29 diciembre, 2006. Anonymous Arnulfo escribió…

    Te escribo desde Panamá, soy egresado del Instituto Agricola de Kishinev 1980-1986.
    Lamento haberme encontrado tardiamente con tu articulo.
    Lo he leido varias veces y regresan miles de recuerdo a mi mente, solo que que no concibo la escena con la niña. Recorri gran parte de la Republica y nunca vi nada igual.
    En cuanto a que el cuerpo no debe regresar del viaje antes del alma, coinsido contigo, cuando el insomnio me ataca, uso mi mejor arma, y es hacer un viaje a traves del tiempo y el espacipo y caminar las viejas calles de Kishinev.

     
  • Publicado el martes, 02 enero, 2007. Blogger César escribió…

    Yo llegué a Kishinev cuatro años después de tu partida, Arnulfo, y algunas cosas, desafortunadamente, habían evolucionado a peor. Sin embargo, ya repatriado nuevamente, ese lugar continúa siendo mi casa.

    Gracias por tu visita y Feliz 2007.

     
  • Publicado el martes, 02 enero, 2007. Anonymous Anónimo escribió…

    Al salir de mi trabajo siempre me encuentro con un hombre de avanzada edad que duerme y vive en las calles de mi ciudad dependiendo siempre de la generosidad de los transeuntes para poder sobrevivir un día más,pequeños que son explotados por adultos por unas pocas monedas,mujeres que son maltratadas por sus parejas,esto demuestra la gran crisis moral y social que estamos viviendo en la actualidad , y sin embargo contamos con la tecnología a la cual podríamos sacar gran provecho para beneficio de todos y no de algunos pocos." A veces me pregunto yo por que millones gastarán en cosas que de angustía nos harán temblar,que los podrían repartir y así al mundo del pecado redimir." Tú lo deberías pensar y tal vez así podrás ayudar. Un abrazo enorme amigos del mundo JUAN

     
  • Publicado el lunes, 08 enero, 2007. Anonymous Anónimo escribió…

    Hola
    Yo viví en Moldavia 6 años.
    Tengo muy vivos recuerdos de Kishinev y sus alrededores.
    Los arboles de cerezas, el otoño en los parques, el verano, los baños en el rio Dniester, la hospitalidad de los moldavos, sus matrimonios, sus casa en el campo, su comida, el vino, etc.
    Gracias por este espacio de expresión
    Hugo

     
  • Publicado el sábado, 27 enero, 2007. Blogger luciano escribió…

    estudie 6 años en Kishinev en el instituto kcxu, con el prof Markianovich y siempre guardo una gran admiracion por la gente que nos brindo su ayuda. Me gustaria saber si Arnulfo de Panama es el que llamamos el fufu, ya que comparto con el que en aquel momento no se miraban tales cosas. Soy nicarauense

     
  • Publicado el lunes, 19 marzo, 2007. Anonymous Gigi escribió…

    Chisinau ha sido el punto de partida para los mejores viajes de toda mi vida.

    Sigue siendo una ciudad encantadora, fascinante, que tiene la particularidad de estar "más lejos" que cualquier otra.

    Me estemeció los árboles y la vegetación que parecen devorarla. Me pareció bellísima en su simpleza.

    Y aunque yo tenga el estigma de ser "el rumano" cada vez que cruzo el Prut (lo cual no suele ser muy favorable en la Besarabia), estoy enamorado de ella sin remedio.

    Por eso mismo prefiero no volver de momento. Ha sido tan hermoso el tiempo pasado allí que prefiero dejarlo así, en el pasado.

    Un abrazo a todos los "moldavos". Ojalá un día ese pueblo tan sufrido pueda volver a formar parte del estado de sus hermanos del oeste del Prut.

     
  • Publicado el lunes, 19 marzo, 2007. Blogger César escribió…

    Comparto tu pasión por Chisinau, Gigi, como habrás podido observar. Me desmarco, en cambio, frente al talante unionista de tus buenos deseos.

    Larivedere.

     
  • Publicado el miércoles, 11 abril, 2007. Blogger Coblenza escribió…

    Ha sido más doloroso si cabe.
    Hablas de la víctima-aquella niña-. Y tú, mi estimado amigo has sentido como una punzada en las vísceras. Lo que tus ojos y tu conciencia se negaban a mirar en abierto. Y eso es lo que tu conciencia te ha dejado como esencia para este terrible post.
    Un beso muy Señor mio. (Me lo tienes que perdonar, pero es que te siento tal que así).

     
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