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Reciclando el “Eje del Mal” (o “nuevas recetas para revitalizar negocios en recesión”) - I
18 oct. 2004
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George W. Bush acuñó en su día el celebérrimo axis of evil, cuyo triple epicentro se repartía proporcionalmente entre Bagdad, Teherán y Pyonyang, de Este a Oeste, con un reservista prometedor, localizado en Damasco.

Lo de menos son las razones inspiradoras de esta estrategia tendente a atemorizar al planeta, para así, posteriormente, erigirse en gendarme y protector del mismo con una cierta legitimidad moral. Las razones –objetivas- no cuentan, digo, por el simple hecho de que no las hay. Pero se crean, y el efecto final es idéntico.

No me cabe duda de que este diseño maniqueista y demente, destinado a mantener activo el gran negocio asociado a la sensación de peligro inminente, desvanecido con el final de la guerra fría, no es obra del Presidente de los Estados Unidos. Bush es un peón –el más lustroso del tablero, of course-, en manos de aquellos que detentan el poder real (y que costean las carreras presidenciales de los Bush, los Kerry, de sus predecesores y sus herederos).

Ahora que la política rusa redefine sus vectores sin dar muestras de sumisión y que el sillón de la Casa Blanca está a punto de salir nuevamente a subasta, como exige el ritual democrático cada cuatro años, comienzan a perfilarse los trazos gruesos de una puesta al día más enjundiosa del dichoso eje de la paranoia –perdón, del mal-, esta vez en versión Kerry.

Supuestamente, el aspirante demócrata a la Presidencia está listo para anunciar a la nación que la idiosincrasia imperante en Corea del Norte, Irán y Rusia, sumada a sus respectivas capacidades nucleares, representan la mayor amenaza contemporánea para la seguridad de EE.UU.

Traducción: Irán y Corea del Norte carecen por completo de recursos reales para atemorizar a Washington. Apenas son piezas de un decorado conveniente. Y conjurada ya para los restos la amenaza que nunca existió –es decir, la de las inexistentes armas de destrucción masiva del también inexistente adalid del terrorismo internacional, Sadam Houssein-, es menester dar vida a un escenario verosimil, adjudicando el papel estelar al más insigne y creible de los monstruos: el Kremlin.
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Después de todo, la idea de “poner a los rusos en su sitio” forma parte del ideario común de republicanos y demócratas –por no decir que es inherente a la misma condición de nacido en los Estados Unidos; que para eso ha trabajado afanosamente la máquina propagandística oficial durante décadas; al punto de haberme hecho creer, hasta no hace demasiados años, que las rusas eran cuadradas e hieráticas, como Mazinger Z, y que, para colmo, no se depilaban.

Eltsin fue un desastre y hacía trampas, permitiendo la exportación de tapadillo de tecnologías sensibles a países pecadores. Pero resultaba de lo más manejable al tener más ambición que talento y orgullo; a resultas de lo cual, mientras dejaba a Rusia casi quebrada y atrapada en las redes de sus acreedores occidentales, fue debilitando la estructura y cohesión internas del Estado y menguando a base de pura incompetecia su influencia exterior en todos los órdenes, y de manera sangrante sobre las antiguas Repúblicas soviéticas.
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Pero Vladímir Putin no es Boris Eltsin, por más que fuese éste quien le apadrinase en su llegada al Kremlin [vistas las últimas intervenciones del ex Presidente ruso, concluyo que cuando rescató la figura de Putin del anonimato, estaba dando por sentado que promovía a un personaje mediocre y, por ello, manejable]. Washington se enfrenta ahora a un dirigente que no sólo es abstemio, sino que exhibe una importante dotación neuronal donde todos pronosticaron una mente gris y atávica, propia de un típico funcionario criado a los pechos del aparato comunista.

El Presidente de la Federación Rusa se ha aplicado seriamente a la tarea de poner orden en casa y a la de reparar y fortalecer las estructuras del Estado, a todos los niveles, dando preferencia -y ventaja, todo sea dicho- a la conso-lidación de la industria y el capital nativos sobre los intereses extranjeros, y recuperando poco a poco la prevalencia de Rusia sobre sus socios de la CEI, así como un cierto papel, si bien pequeño aún, de contrapeso en la esfera internacional, a pesar de las
maniobras norteamericanas a la contra en su vecindario.

En resumidas cuentas, la nueva Rusia, nacida de la desintegración de la
URSS -de la que no hace tanto un informe de la CIA predijo su completa desintegración para el año 2015-, está demostrando a propios y extraños que dispone de la vocación, de los medios y el talento precisos para completar su transformación –a la rusa, por supuesto- y adquirir un rol de referente mundial y de competidor en todos los ámbitos [huelga decir que si Eltsin pospone su jubilación sólo un año más, me habría resultado harto difícil pronunciarme como acabo de hacerlo].

continúa

Accede desde aquí a la segunda parte de este análisis:

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6 Comentarios:
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  • Publicado el lunes, 18 octubre, 2004. Anonymous Anónimo escribió…

    Di la verdad: ¿a que estás a sueldo del KGB? Es broma. Muy bueno lo que he leído hasta ahora, pero que muy bueno. No te demores con la segunda parte de este post y déjate de tanto avioncito (también es broma). Mana.

     
  • Publicado el lunes, 18 octubre, 2004. Blogger César escribió…

    Ya quisiera yo estar a sueldo del FSB (el remake del KGB, por decirlo de una manera desenfadada) y fisgonear en la trastienda de unos cuantos meapilas, de esos que sin haber llegado a diferenciar entre Marco Aurelio y Marco "el romano" -el de los dibujos animados-, nos traen a todos de cabeza por acción u omisión (que en política, como en el sexo, ya sabes que hay personajes activos y pasivos)

     
  • Publicado el miércoles, 09 marzo, 2005. Blogger fdadfsa escribió…

    Hay algo que no me cuadra y, o bien no lo he entendido correctamente, o bien la visión expuesta rehuye toda objetividad.
    ¿Quién maneja los hilos a los que están amarrados los presidentes de EEUU? Y ¿porqué sin embargo a los dirigentes rusos nadie los maneja?
    Gracias...

     
  • Publicado el jueves, 10 marzo, 2005. Blogger César escribió…

    Tu objeción es de lo más cabal; al menos desde la perspectiva formal. En cuanto a eso de la objetividad, uno hace lo que puede. Claro que no estando a sueldo ni del KGB, ni del New York Times, simplemente expongo las cosas desde mis gafas.

    Que George Bush y otros dirigentes occidentales no sean tan autónomos como sugiere su rango, se explica por razones socioeconómicas. El verdadero poder en el mundo capitalista se halla, esencialmente, en manos de quienes controlan la producción y las finanzas. Así, dentro de regímenes basados en la propiedad privada, no puede legislarse ni emprenderse política exterior alguna haciendo abstracción de cómo afectarán las actuaciones del stablishment a los intereses de quien puede costear nuestra campaña o una campaña a la contra.

    En ese sentido, el Sr. Bush -y cualquier otro que se siente en el Despacho Oval- es bastante menos libre que el Sr. Putin, puesto que el peso del Estado en la economía de la Federación Rusa -cuya transición debe hacerse a la rusa- es objetivo e inmenso hoy por hoy.

    Tampoco afirmo que el líder del Kremlin pueda hacer carrera por libre sistemáticamente. Es cuestión de grados, y, en el momento presente, Putin manda más en su país que Bush en el suyo.

    Trasládate un instante al caso español: ¿por qué el PSOE pretende legislar acerca de las televisiones de un modo que beneficia tan descaradamente a cierto Grupo Empresarial? ¿Guarda o no guarda relación ese asunto con el peso específico de los agentes económicos en las decisiones políticas?

    Pues amplifica la escala al trasladarte al continente americano y ya está (más o menos, claro). En Rusia, de momento, lo que ha hecho Putin es poner contra la pared a una serie de oligarcas, como Khordokovsky -que está en la cárcel-, Berezinsky -que lo estará si se atreve a respirar de nuevo en territorio ruso- y otros, que ya no pueden moverse con la impunidad de que gozaron en la era del funesto Boris Eltsin.

     
  • Publicado el lunes, 19 septiembre, 2005. Blogger Usuario X escribió…

    Hola, César:

    no me puedo resistir a la tentación de intervenir porque lo que tú dices en esta entrada lo dice (más o menos) el sociólogo francés Emmanuel Todd en su último libro (del 2003) que se titula Después del imperio: Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano

    Viene a decir que el temor de los USA no es tanto Rusia como país sino la posibilidad de que la Federación rusa empiece a colaborar con la Unión Europea y con Asia. Este escenario implicaría el aislamiento de USA.

    Como persona que conoce "el otro lado", ¿estarías de acuerdo?

    Lástima haber llegado al debate.

    Un saludo

     
  • Publicado el martes, 20 septiembre, 2005. Blogger César escribió…

    Bueno, Usuario X, el problema de las hegemonías, que parecía definitivamente desterrado del escenario internacional tras la liquidación de la URSS, vuelve a estar sobre el tapete. Obviamente, los matices son absolutamente diferentes, pues el duelo entre las grandes potencias ya no se sustenta en el poderío militar, como lo hacía antaño.

    La Federación Rusa -la de Putin, claro- reforzará su capacidad defensiva hasta donde sea preciso para garantizar que nadie va a toser en su área de influencia natural; pero sin tentaciones expansionistas de ninguna clase y evitando una estúpida competencia por equiparar sus medios con los de EEUU [cosa distinta es dotarse de sistemas para contrarrestarlos].

    La verdadera batalla, como sugieres, estriba en el papel que Moscú llegue a desempeñar en los contextos europeo y asiático. A su favor, de entrada, cuenta con el recurso mágico de los hidrocarburos. Más del 27% del gas que consume la UE ya es ruso [tendencia al alza], por más que la penetración de sus manufacturas en otros campos es aún testimonial.

    En el continente asiático, el peso de los hidrocarburos también es relevante, en virtud del enorme tirón de la demanda de China e India. Los productos industriales, a su vez, cotizan ampliamente en los mercados orientales; en especial aquellos relacionados con la industria del armamento -tierra, mar y aire-, que exhibe un color ruso absolutamente imbatible hoy por hoy [sólo China compra armas por importe de más de 2.000 millones de dólares anuales en Moscú, y la India no va muy rezagada].

    Lo que hacen entre tanto en Washington, desde mis gafas, es sembrar confusión en el entorno de la CEI, o potenciar la confusión preexistente, obligando al Kremlin a quemar energías para contrapesar las veleidades de georgianos y ucranianos [fundamentalmente] y evitar que cunda el ejemplo en su periferia.

    Pero el daño causado a la locomotora rusa, a la vista de los resultados, ha sido mucho menor que el inicialmente estimado por los más optimistas en el Congreso y el Pentágono. Es más, diría incluso que ha tenido sus efectos terapéuticos al motivar a los rusos en la búsqueda de soluciones alternativas.

    El otro vector clave de la política USA -así lo entiendo yo- se basa en una estrategia de división permanente de Europa. Ahí sí han logrado éxitos notables, pues resulta evidente que, más allá del Euro, poca UE efectiva, pragmática, existe. Y con la reciente ampliación a 25 miembros, puede decirse que nuestra UE se ha consolidado como una caricatura del proyecto primitivo [de la OTAN mejor no hablamos, pues el peso de EEUU en la organización es, simplemente, apabullante].

    El problema -ya veremos sus efectos en el tiempo- anida que una Europa sistemáticamente debilitada y débil reforzaba únicamente, hasta antes de ayer, el liderazgo estadounidense. Hoy, en cambio, buena parte del viejo continente -Alemania, sin ir más lejos- ve en Rusia un aliado más fiable y menos exigente, además de un mercado vecino prometedor, con un elevado potencial de demanda.

    Al final -y esto requeriría un ensayo para ser explicado como corresponde- más o menos abiertamente, más o menos de tapadillo, rusos y norteamericanos, esta vez menos enfrentados, volverán a dictar las reglas del juego.

     
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