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Lenguas que unen vs. políticos que dividen
19 sept. 2004
Ucrania El Consejo Nacional de RTV de Ucrania adoptó meses atrás una norma que obligaba a todas las cadenas de difusión nacional y a aquellas otras que abarcasen la mitad o más de las 25 regiones del país a emitir exclusivamente en Ucraniano. Hacerlo en cualquier otra lengua minoritaria –Ruso incluído- quedaba sujeto desde ese instante a una previa resolución favorable del citado ente, que, en todo caso, restringirá dichas emisiones a nivel regional o/y local, y sólo en áreas étnicamente significativas.

Esta machada administrativa –sí, machada, como suena- viene a ser lo mismo que si la Generalitat de Catalunya o la Xunta de Galicia hubiesen decretado que Localia, Popular_TV y cualquier otra firma estatutariamente similar quedaban sujetas a emitir toda su producción en la lengua autonómica [ignoro si el Sr. Ibarretxe ha contemplado esta interesante posibilidad folclórico-cultural en algún apartado de su plan soberanista].

El próximo mes es crucial para los ucranianos, pues se celebran nada menos que elecciones presidenciales. Y puesto que el nacionalismo es una bandera de combate perfecta para partidos y candidatos –en Ucrania o en España-, unos con más fe en lo que predican y otros con menos o ninguna, todos juegan a ver quién casa mejor el ingrediente nacionalista con el resto de su particular doctrina.

Y aunque parezca que ya no queda nada por inventar, las cosas suceden en el entorno ex soviético de modo muy distinto a como estamos acostumbrados en Occidente -claro está, sus resultados prácticos también difieren de ordinario-. Para empezar, la citada resolución del Ente regulador se produjo sorpresivamente, sin el menor atisbo de consulta pública previa [es éste un rasgo de estilo típicamente soviético, lo que no resulta tan extraño si recordamos que
Leonid Brezhnev era ucraniano].

Cierto que los datos del último censo oficial de la República -48,5 millones de habitantes- indican que el 67,45% de la población considera el Ucraniano como su lengua materna. No es menos cierto, sin embargo, que el 50% de los ciudadanos, como poco –más aún en las regiones del Este y Sur del país-, prefieren hablar Ruso [por supuesto, la práctica totalidad de la población es perfectamente bilingüe, con excepciones puntuales entre los adolescentes de ciertos núcleos noroccidentales].
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De otro lado, como ha destacado reiteradamente la prensa nacional, visto que ni siquiera se cumplía la primitiva reglamentación sobre cuotas de emisión en lengua ucraniana –ignorada abierta y sistemáticamente por varias cadenas, sin consecuencias legales aparentes-, está poco claro que la reciente machada-normativa logre alterar el statu quo vigente.

Todo sugiere, pues, que los empresarios han tomado el bando a modo de recomendación, antes que como una orden de obligado acatamiento; lo cual es muy soviético, igualmente: políticos que juegan a dictar reglas, gestores que las aplican o ignoran en función de la dinámica de sus propios negocios, y asunto zanjado.
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Evidentemente, como ya hemos insinuado, los políticos propenden a crear problemas donde no existen, o los agravan en beneficio propio [no es preciso citar referencias españolas]. Así, al objeto de hallar nuevas formas de diferenciarse frente a facciones rivales, generan o alimentan sin mayores escrúpulos la rivalidad entre colectivos ciudadanos que presentan alguna diferenciación étnica o cultural [mas bien lo segundo, en el caso de la población ucraniana, cuya inmensa mayoría es étnicamente eslava y confesionalmente cristiana-ortodoxa].

En terminos de fonética, morfología y sintaxis, el Ruso y el Ucraniano son tan similares, que las diferencias resultan inaprensibles para cualquier observador sin cierto dominio de uno o ambos idiomas –que han coexistido ancestralmente de manera natural y pacífica, dicho sea de paso-. Así, al imponer el uso de uno de ellos como vehículo formal de comunicación, las gentes vienen obligadas a tomar partido, se estimulan las desavenencias y crece el radicalismo entre los colectivos más beligerantes –rusófilos, en este caso-, que repudian la desafortunada separación de Rusia*, trece años atrás, cuando los líderes de Moscú, Kíev y Minsk acordaron formalmente la liquidación de la Unión Soviética, iniciando una espiral de empobrecimiento y degradación social a todos los niveles en sus respectivos Estados [y en el resto de las Repúblicas que accedieron a la independencia].
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Como escribe un gran especialista político local –Jan Maksymiuk- “muchos pensarán que la publicación de las novelas de Harry Potter en versión ucraniana supondría una mayor contribución al desarrollo del Ucraniano que cualquier prohibición de utilizar el Ruso en el país”.
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* Obviamente, la expresión "desafortunada separación de Rusia" sólo refleja mi propia visión de los acontecimientos históricos relacionados con el final de la URSS.
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NOTA.- Las imágenes superior e inferior corresponden a la bandera y al escudo de la República de Ucrania, respectivamente.

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