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Kilómetro Cero: limpiando las gafas
14 sept. 2004
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Dicen que lo correcto cuando uno se estrena en cualquier plaza es presentarse. Así, pues, me llamo César, aunque la forma rusa o rusificada de mi romanísimo nombre -Цезарь- y el apócope "", con el que he sido rebautizado por algunas amistades virtuales, me resultan igualmente familiares.
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Un pensamiento de Paco Nadal, periodista y viajero de esos que saben mirar a su alrededor con algo más que dos ojos, retrató milimétricamente mi sentir tiempo atrás, cuando leía con fervor acerca de sus periplos en un ejemplar de National Geographic. Su corazón latía en clave somalí y el mío en clave moldava; pero las palabras del cronista significaban que ambos habíamos dejado lejos una parte esencial de nosotros mismos ... No se trataba de recuperarla, sino, mas bien, de reunirse con ella.
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Así, parafraseando y haciendo mía la emoción del reportero, decidí recrearla en la lengua de Pushkin, que arrulló mis días, durante casi dos impagables años, en Moldavia, reflejándola a modo de introducción en un pequeño ensayo sociopolítico, cuya revisión ultimaba por aquel entonces:
"No puedes permitir que tu cuerpo regrese del viaje antes que tu alma, y creo que la mía anda aún perdida entre las calles de Kishinev ..."
Aquí trataremos frecuentemente de lo soviético y lo postsoviético, cuyos perfiles resultan de ordinario oscuros y esquivos para el occidental común [o simplemente no resultan]. No prometo objetividad, pues todo dependerá de cómo vaya viendo la película desde mis gafas. No obstante, garantizo espacio físico -es decir, virtual- y respeto para la discrepancia de cuantos visitantes se animen a plasmarla.


NOTA.- La imagen de cabecera corresponde al Escudo oficial de la República de Moldavia, o Moldova, superponiéndose a los colores de la enseña nacional.

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5 Comentarios:
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  • Publicado el miércoles, 18 mayo, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Estimado César:

    Perdona mi tardanza. Soy Andrés Peral, coeditor de InternetPolítica.com. Espero que no te parezca mal si aquí, en tu blog, y ahora, muchos meses después, te doy más o menos cumplida respuesta a una discrepancia que tuvimos, a cuenta de un post mío en el que hablaba de la posible "resurrección" del militarismo soviético a manos de Putin... ¿Por qué ahora? Si te acuerdas, en aquel entonces dejé en el aire responderte con tiempo a tus dudas sobre mis conocimientos del entorno ruso y caucásico; no tenía tiempo y quería hacerlo "bien". El tiempo me siguió faltando y pasó, hasta que -imagino- pasaste tú también de mí y caí en un olvido merecido. ¿Por qué en tu blog? Porque mi enfoque de la cuestión rusa y mis discrepancias con tu enfoque tienen un marco adecuado aquí, en tu blog, donde tratas ampliamente de estos temas, y no en InternetPolítica.com, donde sólo fue una anotación puntual de actualidad que ni siquiera se ha repetido desde entonces; además, en InternetPolítica se desconectaron los post antiguos... y se hizo muy difícil reenlazar el post original para comentarlo de nuevo contigo :-)

    Básicamente, César, no tengo conocimiento directo de la realidad rusa o caucásica. He viajado un poco y trabajado en otros países, pero por cortísimos periodos de tiempo, y ninguno de esos países era ni siquiera eslavo. Aun así, la "sovietología" es un tema que me interesó en su momento, y tras la caída de los regímenes comunistas he seguido con relativa atención la evolución del nuevo mapa ex-URSS. De todos modos, y quede claro desde ya, no soy ni remotamente un experto: no te llego a la altura de las zapatillas en conocimientos sobre el tema. Aun así, en InternetPolítica.com ejercí mi derecho -y placer- de opinar; sé que Montse y yo discrepamos -y creo que discrepo también contigo- acerca del nivel de respaldo de cualquier post con datos comprobados y fuentes veraces; porque yo entiendo que un blog no es un medio de comunicación convencional, aunque pueda ser tratado como tal; y que aunque una opinión es mucho más poderosa cuando se respalda en el momento con el peso de los hechos comprobables, considero que una opinión NO necesita estar documentada para ser correcta: basta con que tenga sentido común y un razonamiento lógico (y una mínima base real que pueda ser aceptada tácitamente por los interlocutores).

    Esta postura mía de opinar de cualquier cosa, independientemente de ser o no un experto en el tema, es criticada por muchos de los que conozco (y alabada por muchos otros). Sin embargo, yo sigo actuando igual, porque considero que es la base de la libertad de expresión: poder expresarse aun para cometer errores. Además, el ejercicio del "error" de opinar sin bases sólidas me parece necesario, incluso importantísimo, sobre todo cuando se opina de temas que yo denomino "tabúes inconscientes", es decir, temas de los que nadie habla no porque tengan un miedo consciente de hacerlo, sino porque lo evitan al ser peliagudo, complicado o provocar oscuros reflejos de prevención... Intentaré explicarlo con ejemplos: en el mundo católico (digamos del grupo de los que se sienten fieles, practicantes y armónicos con Roma, por decirlo de algún modo) se habla poco de los "nuevos movimientos eclesiales", por ejemplo, y menos aún si has participado en ellos. O tampoco se atreve nadie a evaluar con detalle la trayectoria de un Papa, vivo o muerto, en lo que yo creo es un mal entendimiento de la "infalibilidad papal". O cómo gente que vota sistemáticamente al PP por convicciones profundas y gran honestidad no se atreve a emitir juicios críticos sobre errores gigantescos del PP que sólo un autista no detectaría; y viceversa, en el PSOE de ZP, donde incluso buenísimos amigos míos progresistas de corazón y entendimiento están "cegados" por la inercia de pensar que, si se ha ido el PP de la guerra y de la mentira del 11M, todo lo posterior es bueno y está justificado (de momento).

    Así que, si yo o cualquiera emite una opinión abierta, incluso equivocada, el problema no está en errar -de los errores se aprende-, porque el efecto es buenísimo: abre debates donde no los hay, permite compartir puntos de vista entre gentes que quizás no abrirían la boca porque no están seguros del terreno que pisan. Sin debate -y sin errores que debatir- no se avanza, no se comprende, no se "progresa" en el sentido profundo del término. Yo prefiero el debate zafio a las opiniones ex cátedra que nadie discute por miedo a equivocarse. Prefiero el anonimato que libera a la gente miedosa a decir lo que piensa, aun cuando eso favorezca la llegada de imbéciles cobardes que se amparan en un nick para vomitar en una conversación. Prefiero que me critiquen mis tonterías escritas a que no salgan ciertos temas; prefiero que me acusen de superficialidad y falto de conocimientos, si con mi acción provoco que hablen los que sí conocen y nos pueden iluminar. Siempre estoy a tiempo de reconocer mis errores, pero si en un momento dado callo y no favorezco el ejercicio puro -y duro- de la libertad de expresión, el momento pasa, y si no se vive el momento, se pierde y no vuelve a repetirse. Para mí, el Carpe Diem es aplicable a todo, incluido el debate intelectual.

    Cuando yo hablé del posible retorno del militarismo y la "Gran Rusia", hablé superficialmente, buscando remover conciencias y entendimientos de muchos de nosotros que nos pasamos el año entero mirándonos al ombligo de la política nacional, mientras las circunstancias geopolíticas cambian y se forma un nuevo panorama que va a marcarnos para la mayor parte del siglo que empieza. Esa era mi principal intención: porque no todo el monte es orégano en la UE, ni mucho menos en Rusia y en los emergentes países del Este, ni en EEUU ni en el resto del mundo. Ver los errores y las mentiras políticas y económicas que se cuecen a nivel internacional es muy sano, sobre todo para no engañarnos respecto del futuro. Así, si Putin, un ex espía con un talante autoritario indiscutible y un sentido de las libertades democráticas rayano en el esperpento, decide relanzar -aunque con un impulso inicial suave- el armamentismo ruso, yo me preocupo, y mucho, porque estamos en un escenario en el que países "insignificantes" como Corea del Norte no sólo consiguen tener bombas atómicas, sino que además demuestran tener cojones para jugar a asustar con pruebas balísticas a vecinos "gigantes" como China y Japón, o a enemigos algo más lejanos como la mayor potencia del mundo, EEUU. Rusia, en manos de Putin y su actual Gobierno, no peca de europeísmo precisamente, ni de occidentalismo, ni de valorar mucho las libertades o los derechos humanos, etcétera. Rusia sigue siendo la segunda potencia nuclear. Rusia mantiene un enfrentamiento ideológico y de influencias permanente con EEUU. Eso no significa que yo esté temiendo un retorno a la Guerra Fría ni a corto ni a medio plazo; pero de aquellos polvos estos lodos, y de una ayudita sin importancia a un grupo de guerrilleros muertos de hambre salió Bin Laden -salvando las distancias-.

    Yo no creo en el pragmatismo político, aun cuando reconozca que a veces es el único camino por el que se puede transitar. El pragmatismo lleva, inevitablemente, al principio de "el fin justifica los medios". Con ese principio aplicado a los Estados me atrevo a decir que SIEMPRE muere o sufre mucha gente. Ninguna razón política justifica ni una sola vida. Es mi opinión, muy radical quizás, pero en la que se basa por ejemplo la Declaración de Derechos de las Naciones Unidas. Es en estas ideas en las que radica el fondo de las democracias occidentales, aun cuando en la realidad el sistema democrático no pueda impedir más que levemente los abusos. El régimen ruso actual, es obvio, no se basa en esas ideas; es un pragmatismo maquiavélico, a mi juicio.

    Recuerdo que uno de tus argumentos en nuestra breve discusión original era que el pueblo ruso había votado y respaldaba, según las encuestas, la estrategia de Putin. Podría responderte que todas las elecciones y encuestas en la época de Franco daban una total unanimidad en el respaldo a la política del Jefe del Estado. Aun así, no niego que tú mismo hayas percibido ese respaldo. Me consta que desde Eltsin para acá Rusia tenía un caos interno difícil de comprender para los desinformados occidentales: corrupción, mafias, explotación, inseguridad ciudadana elevada a la máxima potencia, miseria incluso... Es un buen motivo para respaldar un régimen autoritario, que impone la ley y el orden; pero también podría responderte lo que se decía durante veinte años tras el inicio de nuestra joven democracia española, que "con Franco vivíamos mejor" en lo relativo a seguridad ciudadana (que no en cuanto a la corrupción, como también está pasando en Rusia).

    De todos modos, es un hecho que la población rusa es muy numerosa y hay muchas corrientes de opinión. Estoy seguro de que tienes razón, César, y de que predomina el apoyo a Putin entre la población. En un régimen como el suyo difícilmente se pueden escuchar opiniones discrepantes ni siquiera en la intimidad, pero aun así, creo que tienes razón, porque la gente prefiere el orden al caos, aunque el orden te quite libertad. Ahora bien... el fin no justifica los medios. Yo no soy quien para juzgar a cada ruso o a la sociedad rusa en su conjunto, pero sí sé, y por la misma experiencia cercana que tú tienes, César, que en última instancia es preferible la libertad, aunque incluya un gran número de problemas. Y cuando alguien como Putin tiene el poder y quita la libertad con equis justificaciones coyunturales, recuperarla más tarde suele ser traumático. En España tuvimos suerte durante la Transición.

    Llegando por fin al tema de mis fuentes y de porqué me he atrevido a dar alguna opinión tan contundente sobre la realidad rusa y caucásica... Te diré sólo lo que puedo decirte: conozco gente que ha estado o está allí: en Moscú, en Chechenia y en algún otro país del área. Gente que no peca de prejuicios hacia ningún bando ni sensibilidad política en particular. Gente que sabe: periodistas, estudiantes, académicos. Gente que no se limita a los recorridos turísticos, que tiene familia y amigos allí, que pasan parte del año -o la totalidad- en esas regiones. Trato con esta gente con regularidad, me cuentan cosas, y alucinan con el desconocimiento brutal que detectan en España acerca de lo que pasa allí. En Chechenia, por ejemplo, los terroristas son terroristas y asesinos; pero previamente les han asesinado a sus familias otros terroristas de Estado, y en eso no me cuentan nada que yo no haya leído en otros medios de información. En Moscú espían a las familias de quienes han opinado algo políticamente incorrecto dentro o fuera del país, les ponen escuchas, revisan sus cartas; y esto sí es algo menos conocido. En otros países del área (permíteme que no especifique) determinados oscuros personajes manejan los hilos para que los Gobiernos sean pro rusos, usando métodos sucios o incluso criminales; y esto sale raras veces a la luz (aunque el caso ucraniano ha sido una excepción curiosa). Las sociedades del entorno postsoviético se debaten entre radicalizaciones envenenadas: el islamismo totalitario, la órbita rusa, o intentos también bastante corrompidos de introducirse en el ámbito de la UE o de Estados Unidos.

    Estas gentes que me hablan son gente normal, buena gente, inteligente y que no participa en actividades políticas, todo lo más en alguna ONG, o ni eso. Y todos me hablan de miedo, de injusticia, de represión, de falta de libertad, y de obtusa ignorancia por parte de los occidentales (también me hablan de un carácter maravilloso, de poesía, de valores sociales olvidados en Occidente, porque hay muchísimo bueno por ver en el Este). Y estas gentes tienen miedo. A mí me preocupa, porque les aprecio. No afirmo que lo que ellos me cuentan sea toda la verdad, pero creo en su honestidad, y me formo mi propia opinión, en la que no coincido contigo... lo cual, por otro lado, tampoco tiene mayor importancia.

    Así que, en resumen: no soy un experto, y no voy a mencionar mis fuentes, pero mis fuentes tienen la máxima credibilidad que yo puedo concebir -sin que sea óbice para que puedan equivocarse en ocasiones, como cualquiera-. Por eso, si opino sobre el mundo ruso, lo hago desde una cierta superficialidad que sin duda alguien como tú debe captar al vuelo; pero no hablo por hablar o hablo sin tener ni pajolera idea, sino que hablo de las percepciones que otros me han transmitido, aparte de mis propias observaciones desde "lejos"... Ahora bien: son sólo opiniones. No voy a defenderlas más allá de lo que hago aquí y ahora. Te debía esta explicación, que me pediste con toda lógica en su día. Esta explicación no me justifica ni deja de hacerlo: simplemente espero que sirva para comprender que, cuando digo algo, suele ser por algo, no porque una mañana me apetezca en InternetPolítica.com hacer de rusólogo o vaticanólogo o alguna otra cosa y me saque un "análisis" de pacotilla de la manga para quedar como experto "en tó". Sin que eso sea óbice para que, de vez en cuando, diga alguna gilipollez... pero entonces no me suele costar mucho reconocer mi estupidez ;-), aunque me duele quedar en ridículo. No era éste el caso, creo.

    Por último, aprovecho la ocasión para expresarte mi admiración por este blog. Tiene un estilo muy personal, muy equilibrado, en una línea que a mí me gusta mucho -desacuerdos aparte-. Además, valoro y agradezco aquí -como he hecho en InternetPolítica- el máximo respeto que siempre demuestras en tus comentarios y en tus críticas, incluso cuando ironizas (que lo haces con una sutileza que no he visto en mucho tiempo)...

    Deseándote lo mejor, te envío un abrazo ;-)

    Fdo: Andrés

     
  • Publicado el miércoles, 18 mayo, 2005. Blogger César escribió…

    Muchísimas gracias, Andrés, por las molestias que te has tomado para hacerme llegar una aclaración tan minuciosa como interesante a un episodio que, sinceramente, daba por cerrado.

    He seguido leyéndote tras aquel desacuerdo puntual y siempre me han parecido muy buenos tus textos, al igual que los de Monstse, y, cómo no, he tomado nota de vuestras diatribas anecdóticas, tras las que jamás he apreciado discrepancias de fondo o falta de cariño entre ambos.

    El vuestro es uno de los mejores y más serios blogs del panorama actual, tanto por la calidad de sus contenidos como por la de la sección de Comentarios, cuyo nivel -lógicamente- discurre en paralelo al de las razones que la motivan y contribuye a realzar el valor intrínseco de ése vuestro espacio en Internet.

    Si me lo permites, he pensado que tu extensa argumentación, cuyo eje central continúa pareciéndome desenfocado, es razón más que suficiente para construir un post, centrado exclusivamente el los aspectos clave sobre los que te pronuncias. Así, de paso, damos pié a que otros lectores mejoren su propia perspectiva sobre lo que se cuece en la Rusia postsoviética.

    Si dispongo de tiempo, esta misma tarde pondré manos a la obra y quizá hoy por la noche o mañana habré pasado del dicho al hecho. Después de todo, tus opiniones son ampliamente compartidas por gran parte de la población occidental más que las mías-, de suerte que la sana confrontación de pareceres al respecto debería resultar interesante para más de uno y más de tres.

    Pôr supuesto, concuerdo contigo en que una buena opinión no tiene por qué estar sistemáticamente respaldada por ingentes recursos probatorios. La disponibilidad de elementos objetivos no garantiza sistemáticamente una conclusión bien elaborada [como dijo André Gide, con bellas palabras también se construyen horribles poemas].

    Y conluyo por ahora agradeciendo nuevamente tu comentario y tus palabras cariñosas para con mi trabajo como blogger [lo de la ironía, para suerte o desgracia -según quién juzgue-, es históricamente parte substancial de mi cimentación ... jeje].

    Un abrazo.

     
  • Publicado el martes, 07 junio, 2005. Anonymous Anónimo escribió…

    Me parece sumamente interesante todo lo que leì......Ruso felicidades de nuevo.
    (La mùsica y fotografìas son maravillosas)

     
  • Publicado el martes, 07 junio, 2005. Blogger César escribió…

    Muchísimas gracias, Princesa Rubia de Coahuila.

     
  • Publicado el sábado, 18 marzo, 2006. Anonymous Anónimo escribió…

    Un saludo desde Spania, soy moldavo con corason espaniola.

     
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